El nacionalismo musical de Smetana (V)


Continuamos este viernes exponiendo sobre las circunstancias de vida del compositor checo Biedrich Smetana y como un homenaje de amor a Casiopea, esposa dorada, en quien mis venas vací­an su sangre en sus ánforas élficas y en donde el llanto la designa aurora apasionada y alrededor de quien giro absorto pensando en su noche de astros y en quien muero impaciente de sed y martirio.

Celso Lara

Como lo apuntamos ya, el 11 de octubre Smetana partió solo camino a la pequeña ciudad sueca, donde obtuvo un notable éxito celebrando algunos conciertos, entre ellos uno dedicado al Trí­o en Re menor de Mendelssohn, interpretado conjuntamente con un violinista bohemio y un violonchelista alemán.

El primero de diciembre se inauguró la Sociedad Filarmónica de Gí¶teborg, dirigida por Smetana. Según escribí­a el director de nuevo cuño: «la gente de aquí­ tiene un concepto antediluviano de la música. Aunque no entienden nada de Mozart, le tienen por su í­dolo. Les asusta Beethoven, les disgusta Mendelssohn y no saben nada de los nuevos. Yo he hecho escuchar aquí­ por primera vez composiciones de Schumann».

Durante el verano de 1857, Smetana volvió a Bohemia con motivo de la muerte de su padre y al regresar a Suecia, se llevó consigo a su esposa e hija. En el curso del viaje se detuvo en Weimar, a fin de hacer una visita a Franz Liszt.

í‰ste habí­a contribuido a hacerle tomar la decisión de trasladarse a Gí¶teborg después de una larga conversación que mantuvieron en Praga, donde Liszt habí­a dirigido la Misa de Grau.

Durante la etapa de Weimar, Smetana recibió particulares muestras de estima por parte del gran pianista húngaro. El director de orquesta Johann Herbeck habí­a afirmado que los bohemios no pasaban de ser buenos violinistas pero no valí­an en lo absoluto como compositores. Liszt entonces, ofreció una composición para piano de Smetana, extraí­da de las Seis piezas caracterí­sticas, diciendo: «Â¡Aquí­ tenéis un compositor con un corazón verdaderamente bohemio, un artista por la gracia de Dios!».

Con este respaldo, decisivo al parecer para la vocación nacional de Smetana, el músico bohemio regresó a Gí¶teborg, donde se lanzó a una fervorosa actividad de difusión de la cultura musical, haciendo que la orquesta y el coro (pese a estar formado por aficionados) interpretaran composiciones de vanguardia, como algunos corales de Tannhí¤user y Lohengrin de Wagner, aparte del Oratorio Paulus de Mendelssohn y de la Cantata El Paraí­so y la Peri de Robert Schumann.

Durante este perí­odo sueco que se prolongó hasta abril de 1859, Smetana compuso también dos Poemas Sinfónicos, Ricardo III y El campo de Wallenstein inspirados respectivamente en las tragedias de Shakespeare y de Schiller. Es evidente que se hací­a sentir el influjo de Liszt y dejando al margen la música para piano, Smetana trataba de abordar cuestiones de gran envergadura con la grandilocuencia tí­pica del músico húngaro.