Estuve recordando algunas características de los Presidentes de la República y su período desde la llamada «apertura democrática», por supuesto desde mi particular punto de vista con el conocimiento que da el trato ocasional y esto es de la piel para afuera, de la piel para adentro escondido en ese mundo abismal que esconde todo ser humano como diría el doctor Freud , nadie puede ver.
Vinicio Cerezo Arévalo se inició en 1985 con bombos y platillos, grandes esperanzas se depositaron en él, fue un comunicador rápido de lengua que en general le ayudaba a salir airoso. Como jurisconsulto no tuvo ninguna relevancia, un hombre de una cultura general promedio sin llegar a la erudición. Era un líder que dentro de su Partido se abrió paso desde abajo como el dirigente joven que éste necesitaba, con valor y corriendo riesgos desplazó a la vieja guardia, su formación para la tarea que le esperaba pienso que no se concretó .
Al iniciar su Gobierno tuvo todo en las manos, apoyo popular y de la clase media. La clase alta y los dueños de Guatemala le tenían desconfianza o les era antipático, pero en principio lo tuvieron que aceptar. El Departamento de Estado y la Casa Blanca lo apoyaron, no por afinidad ideológica en ese momento, sino por necesidad, terminar con los gobiernos militares era imprescindible para Washington. La casa Blanca estaba ocupada por un coloso, un Estadista que se elevaba a las alturas de F. Roosevelt desde el lado Republicano, Ronald Reagan entonces luchaba por abrir espacios políticos contra los Sandinistas en Nicaragua en apoyo a los contras y por eso requería con urgencia un Presidente civil en cada país Centro Americano,
Vinicio Cerezo tuvo el apoyo y asesoría de la Democracia Cristiana Internacional, particularmente de Venezuela, Alemania y El Salvador en donde su líder Napoleón Duarte cumplía con un papel importante ante los ojos de Washington. Cerezo hizo un mal Gobierno en donde campeó el amiguismo y dio cabída a la corrupción .
Cerezo no supo lidear con el sector empresarial y amenazó con aumentar los impuestos sin un acuerdo previo, lo cual estuvo a punto de costarle la silla en mayo de 1988. Al final salvó su Gobierno el Plan de Esquípulas II, un Protocolo asesorado por la pluma del ex Canciller de Venezuela doctor Arístides Calvani, que se vendió políticamente acompañado de un mamotreto, de un elefante blanco sin carácter vinculante en sus decisiones que muy poco ha hecho y que todavía llevamos a cuestas: el Parlamento Centroamericano. Tengo que reconocer que Vinicio Cerezo Arévalo hizo que se respetara la vida durante su Gobierno y supo mantener quieta a la gente dura que rodea al poder en Guatemala. Sé que él nunca estuvo de acuerdo en la eliminación física de sus opositores como le fue sugerido.
A Jorge Serrano Elías lo tuvimos en la Presidencia de 1991 a 1993, año en el que se le ocurrió suprimir de un plumazo a los Organismos de Estado que le hacían estorbo y que según él estaban totalmente corrompidos; Serrano se dirigió más al Congreso de la República que superaba en corrupción a todo lo visto anteriormente.
Casi se había salido con la suya en aquel mes de junio de 1993 cuando un movimiento en su contra básicamente surgido en las organizaciones populares y en la Universidad de San Carlos terminó coaligándose con el sector de la «nueva ola» del Ejército y el sector privado organizado. Escogieron al Procurador de los Derechos Humanos Ramiro de León Carpio para ser designado por el Congreso y completar el período de Serrano.
Traté a Serrano en el PNR en donde lo sustituí como Presidente del Consejo Consultivo y llegue a conocerlo un poco. Tenia prestancia y le gustaban el dinero y el poder, era autocrático y podría haberse convertido en un dictador con estilo propio.
Ese año, 1993, le fue adverso desde que protagonizó un incidente que pudo haber pasado desapercibido, pero que innecesariamente agrandó cuando negó haber asistido a un club nocturno a ver un show de bailarinas nudistas. Lo más grave fue no sólo la mentira sino que se dió el incidente cuando se trataba el tema de las conversaciones de paz en New York. (Continuará)
NOTA FINAL, el Maestro Roberto González Goyri y su obra son una de las glorias nacionales, tenemos pocas. Hago llegar a sus hermanos Carlos y Lily Pérez Avendaño, a la familia Marroquín Pérez, a su esposa Carmen, a sus hijos, a Alberto y Helen, a los guatemaltecos en general la solidaridad de la familia Castejón Quiñónez.