Por extraño que parezca, para mí los eventos electorales de la Argentina y de Guatemala tenían ciertos parecidos: tanto en aquel gran país como en Guatemala, argentinos y guatemaltecos estuvieron bajo la bota militar hasta los años ochenta del siglo pasado, en la contienda no contendían partidos políticos de izquierda radical, participarían mujeres como candidatas a la presidencia de la república. Pero sí había una señalada particularidad en el caso de Guatemala, que habiéndose efectuado los sufragios en el 9 de septiembre, de los dos candidatos con el mayor número de votos, pero no con el suficiente para evitar una segunda vuelta, uno de ellos es un general del ejército de formación autoritaria, escaso de escrúpulos y paladín de la remilitarización del país. De esto nada ocurrió en la Argentina.
No oculto mi íntima alegría por el resultado feliz del evento electoral en la patria de José de San Martín, no sólo por la grandeza de los pueblos de las pampas, sino porque los familiares más cercanos de mi cepa paterna, al margen de mis difuntos hermanos, están en Buenos Aires, la hija de mi tío Sigfrido Bauer Avilés, Marta ( ) y Blanca y su hija Marcela y la madre de mis primas, mi tía política. Tanto mi padre, Carlos Bauer Avilés, como su hermano Sigfrido, ambos salvadoreños y yo fui creado en el más profundo sentimiento centroamericanista, uno dejó su vida en las remotas tierras del Sur y, mi padre, en Guatemala.
La otra razón que me motiva para darle importancia a las votaciones de la Argentina es la solidaria posición del gobierno de Perón para con la Revolución del 20 de Octubre de 1994 en momentos difíciles por el acoso de las autoridades del Departamento de Estado de los EUA, por la lucha que Guatemala libraba contra la United Fruit Company y en defensa de sus recursos de hidrocarburos. Perón respondió de inmediato a la petición del Gobierno de Guatemala en el sentido de romper el bloqueo que la UFCO había dispuesto hacer del principal puerto guatemalteco en el Mar Caribe, Puerto Barrios, y no permitía que del mismo salieran exportaciones o ingresasen importaciones, y Perón, envió una flota marítima que acabó con esa intromisión contraria al derecho internacional y de quebrantamiento a la soberanía guatemalteca. Y, como consecuencia, de las ya nada disimuladas decisiones del imperio de hacerse de los yacimientos petrolíferos guatemaltecos, el Gobierno argentino nos envió a uno de los más renombrados técnicos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la Argentina, el ingeniero Manuel Hurtado de Mendoza, bajo cuya dirección se elaboró una iniciativa de ley sobre la exploración y explotación de ese recurso natural no renovable, ajustada a la Constitución de la República (la de 1945), que fue baluarte a impedir el saqueo de las reservas guatemaltecas.
Volviendo al tema electoral, es gratísimo el resultado del evento. Eran dos mujeres, quienes principalmente contendían por el triunfo: Cristina Fernández, esposa del presidente Néstor Kirchner y Elisa Carrió, ambas de partidos de centro izquierda, y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, candidato de una coalición entre peronistas y socialdemócratas. Las encuestas daban por seguro el triunfo de Cristina Fernández y así ocurrió, sin necesidad de segunda vuelta.
El pueblo argentino no ha de haber olvidado la consecuencia del presidente Kirchner, quien no sólo se liberó de las presiones militares sino, desde un principio, se emancipó de las cadenas de oro del Banco Mundial, del FMI, del BID y de la red bancaria y financiera dominada por Washington, y así le fue posible realizar una gestión administrativa económica, política social y cultural de calidad, que habrá de ser continuada por su sucesora.
Ese triunfo nacionalista solidario de estas elecciones en Argentina, es de gran importancia para los próximos años de la América Latina, porque habiéndose ya logrado establecer el Banco del Sur, el gobierno revolucionario de Venezuela, prócer del movimiento Alternativa Bolivariana (ALBA) en oposición al avasallante proceso de dominación imperialista, reimpulsado desde el Consenso de Washington con la convocatoria a uncirse al írea de Libre Comercio de las Américas (ALCA), podrá contar con apoyo más decidido a ese proceso integrador y liberador de sus consocios complementarios: Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia. Ahora seguramente y otros Estados del Cono Sur.
A mi veterano amigo, Eduardo Galeano, le recuerdo en este momento, porque el sentimiento de optimismo que me infundió este triunfo democrático de nuestra América es semejante al que experimentó «el negro Emilio», en el Río de La Plata, en 1984, ocasión en que el autor de Las Vegas abiertas de América Latina pudo volver a la Argentina y, estando en su otrora hogar, a pregunta de un periodista que le entrevistaba, se dio cuenta que una pintura de un puerto sólo para llegar, pero no para marcharse, había desaparecido, momento mismo en que «el negro Emilio», casualmente había llegado al mismo sitio, ignorante del retorno de Galano. Se abrazaron, bailaron y Emilio le contó que hacía dos semanas veían soñando, noche tras noche, que él volvía y que ahora no lo podía creer. Dice Galeano que no lo creyó, porque esa misma noche «me llamó por teléfono al hotel y me preguntó si yo no era sueño o borrachera».
Igual me pasó a mí con el triunfo de Cristina Fernández, ¿sueño o borrachera? Ni sueño ni borrachera, pura realidad.