La primera mano dura


El General Miguel Ydí­goras Fuentes se postuló a la Presidencia en 1957 y anunció que gobernarí­a con «mano de hierro y guante de seda», o con «mano de acero inoxidable». El ofrecimiento resultaba atractivo para quienes añoraban «la paz y el orden» de tiempos de Jorge Ubico. Desde el principio, Ydí­goras fue acusado de indeciso, quien lo admitió, poco tiempo después de asumir el gobierno: «antes me criticaban porque temí­an que me volviese un dictador y ahora, visto que no lo soy, me acusan de ser demasiado débil».

Marco Vinicio Mejí­a

Para enfrentar las crí­ticas intentó desviar la atención al ordenar que dispararan sobre barcos camaroneros mexicanos, y de manera teatral, con la Constitución en la mano, entró a territorio beliceño para reclamar los derechos de Guatemala sobre la colonia británica.

La necesidad de Ydí­goras de demostrar su lucha contra el comunismo condujo a permitir la instalación de un centro de entrenamiento de una fuerza expedicionaria en la finca Helvetia, Retalhuleu, en donde recibió armas y abastecimientos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Si bien el propósito era derrocar al gobierno revolucionario de Fidel Castro, se produjo un alzamiento militar en 1960. En menos de una semana la sublevación fue aplastada, pero fue el germen de la guerrilla.

Dentro de un marco de represión polí­tica y censura de prensa, el 26 de febrero de 1962, los insurgentes tomaron la Radio Internacional y leyeron la proclama que anunció la creación del Frente Rebelde Alejandro de León Aragón, en el oriente del paí­s. Para la Comisión del Esclarecimiento Histórico (CEH), esa última fecha fue el punto de partida de la guerra interna que culminó con la firma de la paz, el 29 de diciembre de 1996.

En 1963, al acercarse el final del régimen de Ydí­goras, se postuló a Juan José Arévalo para la Presidencia. De acuerdo con documentos desclasificados por la CEH, el temor de Estados Unidos de que un nuevo gobierno de Arévalo afectara sus intereses, condujo a la aceptación del golpe de Estado dirigido por el coronel Enrique Peralta Azurdia.

Al final, la «mano de acero» de Ydí­goras perdió el respaldo popular que tuvo al principio, fue derrocado para iniciar una época de dictaduras militares, prolongada hasta enero de 1986, y propició el inicio de la guerra interna, que duró 34 años y 10 meses.

¿Se cumplirá ahora el aserto, según el cual, los pueblos que no aprenden de la Historia están condenados a repetirla?