Los consumidores guatemaltecos hemos empezado a sentir el efecto devastador del incremento de precios por la crisis energética que afecta al mundo entero y primero fue el aumento en el precio del diésel y ahora el del gas propano, con lo que es de esperar que se produzca una importante escalada en el nivel de precios en los próximos días, puesto que ya sabemos que desde la generación eléctrica hasta el transporte de mercancías, todo se ve afectado por ese ingrediente adicional en los costos de producción.
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Una de las preocupaciones que debemos tener los ciudadanos es por la coincidencia de esa variación en los precios con el cambio de gobierno, porque indudablemente que el nuevo régimen tendrá que adoptar medidas rápidamente para compensar de alguna manera el efecto negativo de la economía mundial y aliviar de alguna forma la carga sobre los guatemaltecos. Sabido es que los gobiernos cuando asumen generalmente requieren de un buen tiempo para acomodarse y para tener suficiente control para adoptar medidas importantes, aunque en esta ocasión debe reconocerse que dentro de los aciertos y aspectos positivos dignos de mención está la actitud que tuvo el régimen para proporcionar a los dos partidos que pasaron a segunda vuelta toda la información necesaria para que puedan hacer la transición mucho más ordenada y efectiva que en períodos anteriores.
Influyó, desde luego, el cambio de fecha de las elecciones, puesto que en el pasado apenas si había unos pocos días entre la votación en segunda vuelta y la toma de posesión, mientras que ahora se dispondrá de poco más de dos meses, tiempo suficiente para que los nuevos funcionarios que asuman las diferentes carteras puedan empaparse de la realidad y hasta de los procedimientos y la mecánica habitual de cada dependencia.
La situación económica del país se pinta poco alentadora por nuestra enorme dependencia y porque las alzas en el precio mundial del petróleo golpean muy duro nuestra estructura de costos. Y hay que tomar en cuenta que durante cuatro años prácticamente el trabajador guatemalteco que vive con el salario mínimo no ha tenido compensación por los efectos normales de la inflación que aunque relativamente controlada, de todos modos significó al menos un seis o siete por ciento anual que, al no compensarse con incrementos salariales, se traduce en merma de la calidad de vida de la población.
Y eso es lo que el nuevo gobierno tendrá que tomar en cuenta casi de inmediato, porque ya sabemos que no hay peor consejero que un estómago vacío y cuando el efecto de los precios se vaya sintiendo con más fuerza, la población irá también reaccionando. De no haber capacidad de respuesta, podría darse un período de inestabilidad que afecte la capacidad del régimen para ejercer real gobernabilidad en los primeros días de su mandato y ello podría ser funesto.
Los equipos económicos del ganador tendrán que empezar a trabajar el mismo día 5 de noviembre, porque lo que se les viene no es jauja y aunque ese día habrá la resaca normal después de un triunfo, la realidad es que no queda mucho tiempo que perder porque los nubarrones están pintados en el horizonte.