Es admirable y constantemente nos impresiona la cobertura de los medios de comunicación televisivos, radiales e impresos a nivel mundial que en fracción de minutos o de horas cubren cualquier acontecimiento, no importando el país en que éste suceda. Adicionalmente a la noticia, vemos reportajes bibliográficos o históricos de la mayoría de acontecimientos que merecen trascendencia en medios, tales como el canal de la historia, biografía y National Geografic.
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Esto le permite a la mayor parte de la ciudadanía y de la humanidad estar informados y en base a ello realizar sus propios análisis y conclusiones.
En lo relacionado a nuestro país y al evento de elecciones generales 2007, no se exceptúa. CNN en español transmitió un foro de los que se suponían eran los cinco candidatos que iban a merecer el mayor apoyo de los votantes, en la primera vuelta. Si bien los resultados de la votación no coincidieron, en todo caso, no puede dudarse que la información cubrió en un 80% a quienes obtuvieron los mejores resultados el 9 de septiembre.
Los medios nacionales, con las características e influencias propias de cada uno, han cubierto a través de sus editoriales, noticias, foros y encuestas el evento electoral, tanto en la primera vuelta como en esta segunda.
Todos los ciudadanos y habitantes de Guatemala han recibido la mayor cantidad de información y propaganda que se puede decir ha existido en la historia del país. No hay parte del territorio nacional que no haya recibido la información y el impacto de la propaganda, ya no digamos los habitantes de la capital y de los municipios que integran el departamento de Guatemala. Las principales vías donde se desplazan los guatemaltecos están más que saturadas de afiches onerosos. El Obelisco está rodeado de propaganda de los dos binomios, destacando uno más que el otro que en una sola esquina, donde se encuentra un pequeño predio baldío, colocó seis vallas y un anuncio luminoso promoviendo a su binomio.
Vía Internet, el ciudadano tiene acceso a los programas de ambos binomios, ha visto, oído y leído suficiente información para saber que se encuentra ante la disyuntiva de elegir uno de los binomios presidenciales para los próximos cuatro años, no importando por cual vote, de antemano casi puede saber cuáles son sus tendencias, sus posibles compromisos y qué puede esperarse del triunfo de cualquiera de las dos fórmulas.
Hemos tenido acceso a los editoriales de Oscar Clemente Marroquín, Dina Fernández, Juan Luis Font, Acisclo Valladares, Francisco Beltranena, por mencionar sólo algunos de los principales columnistas, los candidatos y sus partidos han pasado por su análisis microscópico con los pro y contras de ílvaro Colom, Otto Pérez Molina, Rafael Espada, Ricardo Castillo Sinibaldi y comprensiblemente también las esposas de los candidatos presidenciales: Sandra de Colom y Rosa María de Pérez.
En consecuencia, información y análisis de los candidatos que nos permitan formarnos nuestra propia opinión como votantes existe de forma suficiente. Ello implica que no podemos argumentar no tener las suficientes luces y sombras sobre quienes son las personas que el cuatro de noviembre nos veremos obligadas a tomar la decisión de elegir.
Si la mayoría nos inclinamos por el binomio menos inadecuado, podremos estar en mejores condiciones y perspectivas para los próximos cuatro años de gobierno. ¿Cuál es ese binomio? Como me dijera a mis 18 años de edad, ante una pregunta similar, Monseñor Mariano Rossel y Arellano: «El que diga tu conciencia».