Guatemala en épocas pasadas fue un país muy atractivo para inmigrar, sin embargo, hoy se cree que casi dos millones de guatemaltecos residen fuera de nuestras fronteras, de los cuales 1 millón y medio se encuentran viviendo en los Estados Unidos de América. A causa de la pobreza y la falta de políticas públicas generadoras de oportunidades, nuestro país se ha sumado a otras naciones que constantemente expulsan población. Esto a final de cuentas ha creado una especie de sentimientos encontrados en países como el nuestro, pues por un lado nuestros gobiernos y sociedades dan gracias a Dios por las remesas, pero por otro, se ha creado un problema social a causa de factores disociadores como la desintegración familiar y otros problemas que ocasiona la emigración.
En artículos anteriores he llamado la atención sobre el fenómeno de la emigración en Guatemala, pero especialmente sobre lo peligroso que resulta el hecho de que nuestra nación cada día se vuelve más dependiente de las remesas familiares. Esta dependencia no se circunscribe al plano de la estabilidad macroeconómica del país, sino a aspectos estrictamente humanos. Ya que si bien es cierto que gracias a las remesas gozamos de estabilidad cambiaria en el país y por eso mismo no estamos pagando la gasolina como mínimo a unos 45 quetzales el galón, también hay que aceptar la enorme importancia que nos representa este flujo de capitales al darle manutención a 1 millón de hogares guatemaltecos. Y ese es el meollo del asunto, que la importancia de las remesas aumenta cada año en nuestro país. En el año 2004 el número de hogares guatemaltecos que dependían de las remesas era de 770 mil 255, para incrementarse en el 2006 a 918 mil 819 hogares. Esto, aparte de revelar una clara actitud de nuestros gobernantes de ineficiencia y abandono por sus ciudadanos, también lleva como consecuencia que estos últimos ya hayan adoptado una cultura y tradición por emigrar.
Creo que aquí no expulsamos más población solamente porque no tenemos más gente, quizá por eso es que nos superan países como India que recibe 24 mil 500 millones de dólares en remesas, México con 24 mil 200 millones, Filipinas con 14 mil 660 millones y en cuarto lugar Rusia con 13 mil 700 millones de dólares. Por supuesto, aún nos superan países como Brasil, Colombia y Ecuador, pero la razón de captar más remesas es por la misma razón, tienen más población.
Pero como lo he advertido antes, al estar el fenómeno de la emigración sujeto a leyes ajenas a nuestro país, el efecto económico constituido en las remesas representaría un verdadero bumerang para naciones como la nuestra. Pues está claro que países como Estados Unidos ya están adoptando políticas claramente antiinmigrantes, y eso quedó plasmado en la nueva ley migratoria que se debatió este año en el Senado, que aunque quedó postergada para después de las elecciones de ese país, su contenido marca claramente el freno categórico a esos flujos humanos que se internan en ese gran país del norte. El efecto de esta ley, al legalizar gradualmente a millones de indocumentados y vedar el ingreso a futuros inmigrantes, lo estaremos sintiendo en la declinación de remesas en un plazo de 3 a 5 meses después de haber sido promulgada.