El domingo 4 de noviembre se realizarán en Guatemala las elecciones presidenciales correspondientes a la segunda vuelta electoral. Pelean el cargo ílvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, y el ex general Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, PP.
La primera ronda electoral la ganó ílvaro Colom con el 25.63% de los votos, contra el 21.35% de Pérez Molina. De los 5 millones 990 mil 29 inscritos sólo votaron 3 millones 615 mil 867, lo cual da una abstención del 40%. Se estima que ha sido la campaña más violenta desde 1985. Entre marzo de 2006 y septiembre de 2007 fueron asesinadas 56 personas pertenecientes a entidades políticas, 18 de ellas de la UNE, 8 del PP y varios cercanos a la candidatura de Rigoberta Menchú.
El problema de la seguridad es lo más recalcado en esta campaña. Como en todos los países la violencia sube como la espuma, a la par de la pobreza, mientras la riqueza se concentra cada vez más y se acrecienta el poder del narcotráfico.
La plutocracia terminó con la esperanza de una población a quien se le quitó, en 1954, la oportunidad de vivir una verdadera democracia. Todo con la finalidad de proteger intereses foráneos y, según ellos, sus propios intereses.
El resultado está a la vista. Las condiciones actuales de Guatemala como pueblo y como Estado -El narcotráfico, el crimen organizado, las maras, la degradación institucional, la pérdida total de valores, la corrupción ?obviamente- y las demás calamidades que afligen a Guatemala-, no es más que la consecuencia de la traición que hicieron el Ejército y los grandes terratenientes a Guatemala en esa época, cuando demostraron que a fuerza se puede romper la ley, la dignidad, la institucionalidad y, que la ley del más fuerte puede imponerse ante la ignorancia, la debilidad y la desigualdad.
Se le ha dado a Guatemala una «democracia» de juguete, donde el guatemalteco va a las urnas y vota. Allí terminó la democracia, porque las caras de los presidentes, vicepresidentes y demás individuos que llegan a ocupar puestos de poder son las únicas que cambian. El sistema sigue y seguirá cada vez peor, porque quienes tienen el verdadero poder son los dueños de los grandes capitales, el crimen organizado -que incluye el narcotráfico- y, quienes manejan oficialmente las armas en el país. Punto.
Los dos partidos políticos y sus presidenciables en la contienda están en similares condiciones. Junto a cualquiera de los dos que se yerga en la Presidencia de Guatemala, estarán también erguidos el recalcitrante capital salvaje; el narcotráfico; el crimen organizado y quienes oficialmente manejan las armas en Guatemala para reprimir a la población, la cual es vista como «el enemigo». Todos ellos suenan al mismo diapasón y forman una sola entidad maligna.
Me solidarizo totalmente con José Carlos Marroquín Pérez y con su padre, í“scar Clemente Marroquín Godoy, presidente del Diario La Hora. Este joven guatemalteco puso su juventud, su idealismo, su talento, su conocimiento y su esperanza con el fin de intentar darle un giro positivo a Guatemala por medio de una participación honesta en la política doméstica, sin percatarse de que la honestidad, el idealismo, el talento y la juventud, en este momento crucial que atraviesa Guatemala, no valen absolutamente nada ante la crasa voracidad y el gigantesco monstruo de maldad que aflige a Guatemala.