Probablemente usted se recuerde de una chispeante, pícara y vieja canción mexicana de corte ranchero que comenzaba más o menos así: «Negrita de mis amores/, ojos de papel volando/, a todos diles que sí/; pero no les digas cuando».
La letra y la música de esa melodía viene a mi mente cada vez que escucho ?masoquista que es uno? por radio o televisión, o leo en los diarios impresos, las promesas de los candidatos presidenciales ílvaro Colom y Otto Pérez Molina, o las palabras con las que contestan afirmativamente a toda clase de peticiones que les plantean grupos de vecinos, representantes de gremios, delegados de comunidades, voceros de organizaciones civiles, personeros de agrupaciones sociales, voceros de instituciones públicas, comandantes de bomberos voluntarios y municipales.
Similares respuestas les dicen a diáconos de iglesias evangélicas, presidentes de hermandades católicas, alcaldes auxiliares de cantones y caseríos, apoderados de viudas solitarias, enviados de misiones migratorias, comisionados de patrulleros paramilitares, directores de asociaciones forestales, emisarios de varones de la cuarta edad, corresponsales de periódicos provincianos, encargados de relaciones públicas de amas de casa abandonadas, agentes de porteros de cines en situación de retiro, gestores de trámites burocráticos, mandatarios de policías civiles angustiados, vocales de suegras afligidas, vicepresidentes de cámaras patronales, secretarios generales de sindicatos laborales, decanos de facultades universitarias? y pare usted de contar.
Aunque restan como ocho días para que se realicen las votaciones presidenciales del segundo hervor, durante el tiempo que resta para que los intrépidos varones y las audaces ciudadanas acudan a los centros de votación a emitir su sufragio y que le manchen un dedo de la mano diestra, usted vea, escuche y lea con atención, como si se hubiera sacado el premio gordo de la lotería Santa Lucía, a los veraces, sensatos y recatados aspirantes a la Silla Grande que de vez en cuando ocupa el buenazo del presidente Berger, y se dará cuenta que esos desorbitados políticos no se andan por las ramas en eso de formular promesas a quien se les ponga enfrente.
Que hace falta el edificio de la escuela de primaria de una remota aldea de San Cristóbal Cucho, allá por San Marcos, entre las laderas del Ixtágel, el candidato de la UNE no se detendrá a cavilar mucho y de inmediato le dirá a sus interlocutores que ese centro del saber contará con todas las comodidades del caso, incluyendo helipuerto.
Que los habitantes de El Jícaro carecen de un centro o puesto de salud, el presidenciable del Partido Patriota no se morderá la lengua para ofrecer que no sólo construirá el inmueble, sino que lo dotará de aparatos de ultrasonido para detectar niguas en los campesinos tishudos y nombrará a médicos de todas las especialidades, sin faltar comadronas.
Que en Santa Apolonia necesitan de una carretera pavimentada que comunique a sus habitantes con los de Yepocapa, no hay ninguna preocupación que valga la pena, porque cualquiera de los dos candidatos está dispuesto a que durante su gobierno se trazará la vía de intercomunicación terrestre, aunque para ello haya que ir a dar la vuelta por Pochuta y San Miguel Jilotepeque.
Que si los vecinos de La Limonada quieren un puente colgante, para ir más de prisa al asentamiento El Coyol, zona 21, no hay problema porque con Colom o Pérez, el sueño será hermosa realidad.
Todo consiste en ofrecer, puesto que la promesa no empobrece y el compromiso se olvida con el paso de los meses. Para eso están los candidatos, que abundan en ofertas, aunque no se tenga pisto ni para financiar la ceremonia de toma de posesión. No como ocurrió cuando el difunto gobernante Ramiro de León Carpio asignó unos Q15 millones a su jefe del afortunadamente desaparecido Estado Mayor Presidencial, que por pura casualidad era el general Otto Pérez, para cubrir los gastos que implicaba el cambio de mando. ¡Qué lujo de derroche!, no como ahora que estamos bien piscinas, pero con tenis.
(El machista Romualdo Hoferta comentó que menos mal que los candidatos presidenciales no son mujeres, porque como no saben decir no, estarían cundidos de hijos cada uno, aunque de diferente padre).