Alto costo de vida, imparable


La población pasa dí­as de angustia, y no es para menos. El alto costo de vida resulta imparable, sobre todo la canasta básica registra precios elevados. Hace tiempo empezó esa espiral creciente, ante la desesperante actitud de los más desposeí­dos que ven cómo el dinero no alcanza.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Los humanos flaquean cuando distan ya de satisfacer junto a su familia las necesidades básicas. Su estado de ánimo se conturba, por cuanto la paciencia tiene lí­mite, situación generadora de conflictos. Nada puede ser objeto de explicación, en tanto el estómago esté vací­o.

Hay que reconocer que la causa principal del fenómeno socioeconómico radica en la ambición desmedida del comercio y la industria. La cantaleta que los precios son fijados por la oferta y la demanda, son pamplinas. Siempre existe la tendencia que quienes tienen poder lo deciden.

En efecto tal decisión obedece al viejo mecanismo que dicha decisión es un accionar de por sí­ y ante sí­ de ellos. Nada ni nadie detiene esas operaciones carentes de sensibilidad, con la anuencia de las autoridades, llamadas a velar y proteger los intereses de la población vulnerable.

De manera sorpresiva y constante vemos con ojos desorbitados y exhaustos los bolsillos, el alza de precios por parejo. El incremento consiste en porcentuales grandes; no se trata de sumas menores, visto y comprobado está, en el marco subrayado del consumismo envolvente y a la vez confuso.

Creo a ciencia cierta nos hemos hecho la pregunta consiguiente ¿cuándo será detenida el alza ingrata, motivo de insatisfacción y de inconformidad? Pero por sabido se calla que nunca jamás tendrá respuesta; cabe referir la obligada insistencia que negar la amarga realidad es del todo imposible.

Qué funcionario desde las alturas, al menos una sola vez, con los pantalones bien puestos asume bien su papel y trata de frenar la ola semejante a un tsunami: Constituirí­a aquella actitud deseable, similar también a soñar despiertos; algo entonces imposible de constatar por completo. Eso si, en uno que otro momento y a voz en cuello se abrogan el cargo de voceros oficiosos para justificar los aumentos. Atribuidos ipso facto a los precios internacionales en juego; el ejemplo concreto sale a luz en el caso significativo de los combustibles, maí­z, pan y tantos más.

Son del criterio cerrado que la libertad de precios conviene y resulta necesaria para originar mejores corrientes económicas; afirman que un control ejercido sobre los mismos tiene matices erráticos: Cabe además formular la interrogante de si importa o no, que crezca más la pobreza.

De tanto funcionar los mecanismos y criterios cuya raí­z es el mundo globalizado, da la impresión que los deberes del Estado de garantizar a los habitantes la vida, la seguridad y el desarrollo integral de la persona, queda como letra muerta. El panorama viene a ser algo incierto.

Decir en ese sentido que andamos por la calle de la amargura expone bien la agobiante y cruda realidad imperante. A lo sumo optan por dorar la pí­ldora cuantas veces crean factible. Mientras la crisis nos orilla al despeñadero. La canasta familiar sufre el azotón más despiadado cada dí­a.