«Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río».
Nikita Jruschov
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Esta semana, representantes juveniles de la Unidad Nacional de la Esperanza y del Partido Patriota firmaron un acuerdo en donde se comprometieron «a transformar Guatemala» sin importar el color político.
¿Es un buen modelo el gesto de las y los muchachos? Por supuesto, es uno de los últimos mejores ejemplos que hemos tenido el electorado guatemalteco para darnos cuenta lo débil que se encuentran las organizaciones partidarias que se disputan la Presidencia del país.
Mientras los máximos líderes de quienes pertenecen a la Juventud del Foro Permanente se tiran porrazos cada vez que alguien les entrega un micrófono, sus representantes nos salen con la novedad de poder trabajar tomados de la mano.
Pareciera que los verdes no han escuchado cuando ílvaro Colom asegura que el de la «mano dura» representa un retroceso al pasado, un regreso a la represión que nos cobró la vida de miles de personas y cuya propuesta política «parece una lista de supermercado».
Y los que han optado por trabajar junto a Otto Pérez Molina no se han percatado de los señalamientos que se plantean contra el abanderado de la UNE, al que acusan de ser un «fracasado» en materia electoral y de permitir la incrustación de integrantes del crimen organizado en su partido.
El acuerdo firmado la semana pasada, además de no tener ningún tipo de vinculación, es una muestra de la costumbre de quienes participan en la política de cambiar de un partido a otro con el único objetivo de alcanzar un escaño en el Congreso o en el Ejecutivo.
Es un reflejo también de la corriente actual de quitarle las ideologías a los partidos, o de intentar volverse todos hacia el «centro» porque los términos de «derecha» e «izquierda» molestan cada vez más.
En definitiva, dentro de la práctica política es necesario, y muchas veces indispensable, hacer el mayor de los esfuerzos para alcanzar consensos entre posturas opuestas. Sin embargo, el fundamento real de la actividad partidaria debe estar basado en un conjunto de ideas, es decir en una ideología.
Representantes de la UNE han ondeado la bandera de la «socialdemocracia», en donde el mercado y el Estado son vistos con igual importancia. El Partido Patriota no tiene reparos en asegurar que su estrategia económica se basaría en al teoría del derrame.
Entonces jóvenes políticos, ¿es tan fácil ponerse optimistas y esperar que posturas tan disímiles puedan encontrar un punto de consenso con el sólo hecho de haber firmado un acuerdo de buena voluntad?
Con este tipo de actitudes, pocas esperanzas tiene Guatemala de contar en el futuro con personas integradas a la política que actúen de acuerdo a una ideología definida. Seguiremos observando a quienes van y vienen de partido en partido, faltando a las promesas de campaña y al voto de confianza que la ciudadanía otorga por una propuesta política.