La depresión


En el artí­culo del jueves pasado se describió a la tristeza como una emoción natural del ser humano y que no se aprecia como una enfermedad. En esta oportunidad clarificaré la diferencia entre tristeza y depresión con la finalidad de resolver dudas a mis lectores/as y a las personas que amablemente escribieron a mi correo.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

La depresión es una enfermedad que puede desarrollarse a cualquier edad, y es más frecuente en mujeres, pero muchas veces pasa inadvertida. Quien la ha vivido, ciertamente, ha encontrado un padecimiento doloroso, difí­cil y poco comprendido por el mundo que le rodea.

Las personas cursan con deterioro en su vida cognitiva: poseen un menoscabo en la memoria y su proceso de pensamiento se lentifica, se vuelve menos ágil, tornándose negativo, reiterativo, presentándose distorsiones en las ideas con una visión estrecha del ambiente; pudiendo coexistir con ideas suicidas, el mismo se centra en la vida pasada, en los hechos y ante todo en errores pasados; constituyéndose en un motivo de autoculpabilización y de una baja en la autoestima.

El elemento de la centralización en el pasado también provoca una pérdida en la esperanza de que las cosas en la vida puedan cambiar de manera satisfactoria, ya que las personas con depresión no creen en el hoy y en el mañana. La mayorí­a de pensamientos evocan en su vida pasada, lo que trae como consecuencia sentir que el ayer, el hoy y el mañana persistirán de la misma forma, con dolor, desesperación y sin sentido.

La hipocondriasis puede presentarse como manifestación de un contenido temático del pensamiento depresivo. Consistente en el discurrir y sentir individual de estas personas, que plantean la susbsistencia de enfermedades, a veces acompañadas por la creencia de la posesión de un carácter incurable. Este hecho contribuye al aumento de quejas fí­sicas (dolores de cabeza, espalda, entre muchos otros) y propicia el visitar a uno o más médicos. Reclamando ayuda para su falta de energí­a y para sus nervios, en nuestro paí­s con frecuencia se escucha la petición de vitaminas que les ayude a fortalecer su sistema nervioso.

Los cuadros depresivos pueden conducir al empeoramiento de las enfermedades fí­sicas, al aumento del dolor fí­sico y esto junto con las ideas y las conductas suicidas les propicia el grado de letalidad.

Afectación del afecto: tristeza, desesperación, angustia, enojo dirigido sobretodo hacia la misma persona, sentimiento de minusvalí­a con la consecuente baja en la autoestima.

Alteraciones en la conducta: Las personas tienden a aislarse, las actividades que antes le ocasionaban agrado ya no las realizan y no constituyen más fuente de placer. Son regañonas, irritables, poco tolerantes y susceptibles con un llanto fácil, sus energí­as y fuerza fí­sica parecen faltarles. En algunas ocasiones no tienen deseos de bañarse, lavarse la boca, cambiarse de ropa, arreglarse como en su manera habitual.

El sueño con frecuencia se desordena, lo más frecuente es que tengan despertares tempranos y no logren volver a dormir, su número de horas de sueño se reduce. En la alimentación también encontramos cambios del patrón alimenticio, poco deseo o ningún deseo de comer; o todo lo contrario como sucede en las depresiones atí­picas aumento de sueño y aumento del apetito.

Los criterios diagnósticos de la enfermedad depresiva se establecen con la permanencia de los sí­ntomas anteriores en un perí­odo mí­nimo de dos semanas.

Las causas de esta enfermedad han sido consideradas como: Biológicas, con la presencia de cambios quí­micos a nivel cerebral y la correlación genética entre los familiares de las personas que la presentan; Psicológicas, factores en la conformación a lo interno del Yo; Sociales, relacionadas a historias o acontecimientos externos vitales que propician su aparecimiento.

Es por ello que el abordaje de la depresión ha de verse desde una perspectiva bio-psico-social. Y su tratamiento se plantea de la manera más pronta posible con el auxilio de la psicoterapia y/o el uso de fármacos por personas especializadas en Psiquiatrí­a/psicologí­a o áreas afines con un entrenamiento especí­fico para su atención.