Otros modos de fraude


No esperemos que el fraude se produzca como en tiempos pasados, de una manera burda, descarada y violenta; robando urnas y cambiando los resultados antes de ser registrados oficialmente.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

Las formas de fraude se han sofisticado. El fraude ahora se produce por medio de la manipulación, de la propaganda ilí­cita fuera de tiempo y de lugar; por medio de los ataques velados e indirectos y, sobre todo, por medio del financiamiento subterráneo que los grupos de poder ligados al narcotráfico y al crimen organizado otorgan a los partidos polí­ticos más fuertes.

Fraude también es la demagogia, es decir, la mentira con fines electoreros. Demagogia que se traduce en desprecio e irrespeto hacia la ciudadaní­a, porque ofrecer cosas que no se pueden cumplir, obsequiar objetos o prometer dádivas a correligionarios, es justificar los medios de la peor manera, o sea, engañando a los ciudadanos.

Crear espejismos, falsas expectativas, ilusiones de cambio, sabiendo que no serán posibles, dados los compromisos adquiridos por los pseudolí­deres y por los partidos que los respaldan, especialmente por la calidad moral de quienes les financian y de quienes les dan protección, es una forma mezquina de llevar a cabo el fraude.

Lo peor de todo es que esta nueva forma de fraude nos parece «normal», y por «normal», aceptable. La ingenuidad por ignorancia es la mejor aliada de los fraudulentos candidatos que han llegado a la segunda vuelta. Saben muy bien que poniendo cara de mosquita muerta o empuñando un raquí­tico puño, al son de cancioncitas vulgares bien escogidas, a la par de lanzar improperios y haciendo comparaciones grotescas con ademanes por demás abusivos y de mal gusto, pueden sacar provecho de la masa que sigue sin reflexionar las consignas de los caciques locales que han hecho de la polí­tica y, sobre todo del fraude, su modo de vida.

Las formas de fraude, pues, han cambiado; más en el fondo, sigue siendo eso, fraude, engaño, forma ilí­cita de hacer polí­tica y, talvez, la forma más exitosa en nuestro medio para alcanzar el tan deseado y manoseado poder polí­tico.

Cuando las cosas así­ caminan, no hay esperanzas. El ejercicio del poder polí­tico está comprometido por el fraude y quienes lo ejercen están maniatados por las mismas cadenas que ellos han contribuido directamente a forjar. Las cadenas del fraude triunfan y el cí­rculo se vuelve a cerrar.

Y, tolerarlo, también es fraudulento.