No se puede soslayar nuestra pobreza extrema


Usted lo ha podido comprobar. Las ventas callejeras han proliferado por todas partes. No hablo sólo de aquellas producto de la «economí­a informal» que comercian artí­culos de contrabando, sino de las originadas por el cada vez más elevado costo de vida, la ausencia de planes de jubilación o lo exiguo de las prestaciones sociales que obligó a nuestra gente a colocar un temporal puesto de venta de fruta o verdura para satisfacer la necesidad de las amas de casa o a los empleados que cuando les aprieta el hambre salen a buscar algo para aflojarlo.

Francisco Cáceres Barrios

Si en vez de haber tenido gobiernos derrochadores, pésimos administradores de los fondos públicos y peor aún de infames malversadores, hubiéramos podido contar con reales impulsores de la productividad del paí­s, creadores de más fuentes de empleo, como de elevar la calidad de vida del guatemalteco, nuestra gente subempleada, jubilada o literalmente en las «cuatro esquinas» no tuvieran necesidad de salir a poner ese puesto de venta de panes, tostadas, atoles, chuchitos y tantas golosinas que a precios asequibles satisfacen múltiples necesidades de nuestra población.

No ignoro que la ley prohí­ba colocar ventas callejeras, no sólo porque contaminan el ambiente, desfavorecen el ornato de la ciudad muchos de sus productos no contribuyen a la buena salud de la población y que, para colmo de males, impiden el libre tránsito de los peatones que tienen sobrado derecho de hacer uso de las aceras pero ¿la ley no es pareja?, ¿mandar a botar las tinajas de atol ante el asombrado público, como que grosera y torpemente desalojen a la gente que tiene hasta 20 años de estar haciéndolo en el mismo sitio sin que nadie le hubiera dicho nada, irá a resolver el problema de fondo?. ¿Para el doctor Morales eso no es irrespeto a los derechos humanos?

Señalo el contrasentido, porque los años que llevo encima me han servido para comprobar que medidas mezquinas, violentas, interesadas y con dobleces nunca han solucionado nada. ¿Ejemplos?

Ahí­ están las ventas de la 6ª. avenida permitidas por complacencia electoral. Y ahí­ están los resultados. Se arrogaron derechos que no les correspondí­an sin que ni un solo alcalde haya estudiado racional y mesuradamente el problema, mucho menos ofrecer soluciones que por más de 25 años se siguen esperando.

Por otra parte, no pueden tomarse medidas aisladas sobre un problema que conlleve múltiples factores, entre los que sobresale la pobreza extrema que no se ha atendido debidamente, mucho menos, cuando se ha querido manejar con el cinismo de los últimos tiempos. Ante todo ello pregunto, ¿qué dirán al respecto nuestros candidatos finalistas?, ¿será que sus sesudos asesores y encargados de planificación contemplaron que nuestra pobreza extrema no se puede seguir soslayando?