Una revolucion inconclusa


El próximo sábado los sectores populares, especialmente las organizaciones sindicales, magisteriales y estudiantiles, van a conmemorar el 63 aniversario de la gloriosa Revolución del 20 de Octubre de 1944, una revolución inconclusa que por ingenuidad o falta de visión de sus dirigentes, dejaron intacto el poder de sectores que como el Ejército y la feroz clase dominante oligárquica, habí­an apoyado en la sombra a los regí­menes de fuerza del pasado y que diez años después en contubernio con tenebrosos intereses extranjeros, recuperan el espacio perdido y truncan la posibilidad de proseguir la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Félix Loarca Guzmán

Esta hermosa gesta revolucionaria fue un ejemplo de la conciencia democrática de los guatemaltecos que dentro de una enorme alianza de la pequeña burguesí­a con los trabajadores, los maestros, los militares progresistas y otros sectores de la sociedad, pusieron fin a una de las más tenebrosas dictaduras como fue la de los generales Jorge Ubico y Federico Ponce Vaides, que a sangre y fuego sojuzgó a nuestros compatriotas por espacio de catorce años continuos.

La Revolución de Octubre estableció, a través de la Constitución de 1945, un sistema democrático presidencialistas con el decidido y activo ejercicio parlamentario, con normas avanzadas para el desarrollo económico, social y cultural del paí­s, todo lo cual permitió conformar un marco institucional a través del que se empezó a dar solución a los diversos problemas nacionales.

Entre los logros más destacados de la Revolución de Octubre figuran la libre formación de partidos polí­ticos, un gran impulso a las tareas de la educación, la autonomí­a universitaria, la autonomí­a municipal, el escalafón y dignificación del magisterio, la creación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, la reforma bancaria, la promulgación del Código de Trabajo, el fomento de la organización sindical, la supresión del trabajo forzoso para los indí­genas, el mantenimiento de un clima de libertad polí­tica, la pauta para una reforma agraria y el auspicio de una gigantesca campaña de alfabetización. La Revolución también promovió una polí­tica de defensa del subsuelo y las riquezas naturales contra los monopolios extranjeros.

Desafortunadamente las medidas adoptadas no fueron suficientes para dar al movimiento un verdadero carácter revolucionario quedando intacto el poder del Ejército y el poder de la clase dominante representante del poder oligárquico semi feudal. Por ello es justificable decir que la Revolución de Octubre es una revolución inconclusa y que quienes han tratado de enterrarla, sencillamente se equivocaron de muerto.