Recorriendo un camino trillado


Creo yo que los guatemaltecos estamos ya recorriendo un camino trillado que en otros paí­ses ha generado abundantes problemas y que tiene raí­z en el comportamiento de la llamada clase polí­tica tradicional. Talvez el primer ejemplo lo debamos encontrar en Perú, con la elección de Alberto Fujimori, puesto que su candidatura surgió como una muestra de rechazo a un sistema que se evidenció corrupto e incapaz de dar satisfacción a las necesidades populares. El caso de Hugo Chávez en Venezuela es otro ejemplo de cómo los pueblos, hartos del desengaño provocado por la corrupción de quienes conforman esa clase polí­tica, se terminan inclinando por propuestas alternativas que tienden a romper con los moldes del pasado. Ni Fujimori hubiera sido posible sin los errores del primer gobierno de Alan Garcí­a, ni Chávez hubiera logrado el éxito sin la suma de los excesos de adecos y copeianos en Venezuela.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Después de años de gobiernos autoritarios y de sucesivos golpes de Estado, los paí­ses latinoamericanos encontraron el rumbo de la democracia y procedieron a elegir a sus autoridades en un ejercicio que parecí­a inusitado. Pero por una combinación compleja de factores, en la mayorí­a de paí­ses los dirigentes no supieron estar a la altura de las circunstancias y han provocado que los pueblos terminen añorando aún las viejas formas de autocracia y autoritarismo que tanto daño hicieron y que tanto criticamos.

En Guatemala, de 1985 para nuestros dí­as, los ciudadanos hemos tenido la oportunidad de ir a las urnas para elegir a nuestras autoridades y en resumidas cuentas se puede decir que hay una acumulación de desengaños y frustraciones. La prueba más patente está en que ningún partido de gobierno ha logrado repetir y, peor aún, todos los que han ejercido el poder han entrado en un proceso de agoní­a y muerte que parece inevitable. Desde hace tiempo se viene diciendo que el tiempo se agota, que el modelo no da para más, pero desafortunadamente no hemos visto entre los partidos polí­ticos la renovación y la responsabilidad para adoptar posturas congruentes con la necesidad del ciudadano.

Lejos de ello, lo que ahora vemos es una proliferación de campañas negras, de intentos por descalificar a medio mundo y las mayores muestras de bajeza. Lo que los polí­ticos tienen que entender es que están labrando la estaca en que serán sentados porque tarde o temprano vendrá ese tipo de propuesta «alternativa», contraria al sistema, que puede ser que llegue para quedarse y que ha de contar con el beneplácito de una población que está harta del comportamiento de quienes se autonombran como sus dirigentes.

Es importante hacer ver que el tiempo se nos está agotando y que la población no aceptará eternamente los constantes desengaños y frustraciones. Es más, mi opinión es que la democracia y el modelo iniciado en 1985 se está jugando sus últimas cartas, quemando sus últimos cartuchos, y que todo dependerá de la forma en que actúen quienes resulten electos porque un nuevo traspiés y un nuevo desengaño será fatal para el sistema.