Por lo menos les caló el repudio


Fue abrumador el repudio que mostró la parte de la opinión pública que se toma la molestia de expresarse ante la forma en que llegaron a caer en el insulto y la diatriba los candidatos presidenciales y sin duda por esa reacción tan crí­tica fue que en el último fin de semana abandonaron el tono que traí­an y centraron su discurso en la propuesta. Siempre he pensado que en polí­tica hay que señalar los vicios y pecados de los adversarios, pero hacerlo de frente, con propiedad y en casos concretos que se pueden demostrar, aunque no se puedan probar legalmente, pero esa tendencia a maltratarse con improperios no tení­a ningún sentido polí­tico ni era edificante para el paí­s.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Creo que cuando hay un techo de vidrio muy grande uno tiene que ser cauto al hablar de los demás, lo que obviamente es algo que ni siquiera con la edad aprenden algunos, pero el sentido común aconseja que se guarde cierta mesura y que ni siquiera en forma velada e insidiosa se hagan ataques que pueden provocar grandes retopadas. Y en la contienda actual es obvio que entre los candidatos se tienen de alguna manera la cola machucada y nadie anda vestido de primera comunión, por lo que no deja de ser torpe la forma en que uno se refiere al otro, porque lo único que ello genera es reacciones y respuestas de tono cada vez más subido que provocan asco y cansancio entre una población que poco necesita para abstenerse de ser parte del sainete.

Quedando tan poco tiempo para el dí­a crucial de la elección, uno esperarí­a que cada equipo de campaña estuviera mucho más interesado en mostrar sus ventajas, sus cualidades y propuestas atractivas que en ver cómo le bajan el cuero al contendiente. Al fin y al cabo, con el exceso de campaña negra que ha habido en esta contienda, ya no queda mucho por decir en materia de desprestigio, de señalamientos reales o inventados respecto al pasado y presente de los dos candidatos que siguen en contienda y por lo tanto hasta para lanzar un golpe demoledor harí­a falta una inventiva y creatividad fuera de serie porque cuesta imaginar que alguien encuentre aún material más sucio, más burdo y deleznable que el utilizado para generar desprestigio del adversario.

Si los candidatos en este momento se dedican a concretar en cuatro o cinco puntos su propuesta y asumen compromisos con la población, el tono y tendencia de la campaña aún podrí­a variar significativamente. Pero si nos enredamos en lo mismo, en golpes bajos, en el uso y abuso de Internet para lanzar sapos y culebras, seguramente que los ciudadanos terminaremos cuajando el repudio en el voto nulo o la abstención porque no puede ser que haya tal falta de respeto a la población de parte de quienes aspiran a dirigir los destinos del paí­s.

Si nos atenemos a lo que reporta la crónica periodí­stica de lo ocurrido en el fin de semana, los polí­ticos se dieron cuenta, tarde talvez, que no podí­an seguir con esa cadena de insultos y bajezas y que era necesario cambiar el tono. Eso muestra que si los ciudadanos somos más exigentes con los polí­ticos, éstos tienen que ser más responsables con nosotros, algo que siempre he pensado al decir que el dirigente nunca dará más de lo que se le pide y exige. De alguna manera el repudio público les obliga a cambiar la agenda y eso es una buena lección para ellos y para nosotros, los ciudadanos.