Al parecer, el candidato presidencial ílvaro Colom, de la UNE, está dispuesto a servirle en bandeja de plata la Presidencia de la República al también presidenciable Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, porque sigue cometiendo errores que erosionan su ya de por sí débil plataforma electoral.
A muchos guatemaltecos de pensamiento progresista, nos quedaba un cachito de confianza en las aspiraciones de Colom, porque contaba con el apoyo firme e inmediato del joven periodista José Carlos Marroquín, quien se convirtió en una especie de la conciencia moral entre las filas de la UNE, puesto que se ausentó temporalmente de las filas del periodismo, para embarcarse en un proyecto electoral, con la intención manifiesta de velar porque no se infiltrara el crimen organizado en el seno del partido uneísta.
Cuando hace meses sufrió un atentado que, afortunadamente, sólo causó daños materiales a vehículos estacionados fuera de su residencia, aparentemente los autores intelectuales y materiales no pretendían terminar con la vida de José Carlos, sino que perseguían amedrentarlo para que abandonara su posición cercana al candidato Colom.
En esa oportunidad no lograron sus propósitos, pero finalmente se salieron con la suya, ante la displicente actitud del aspirante presidencial de la UNE, quien prefirió dejar de contar con la firme y valiosa colaboración de un hombre que no estaba dispuesto a dejar que el crimen organizado se entronizara en esa organización política, antes que sacudirse de personajes de sombrío crédito.
Con la salida de José Carlos de la UNE y sus declaraciones al respecto, involuntariamente el candidato Colom le está dando la razón a su adversario, toda vez que Pérez Molina ha reiterado con mañosa insistencia que el partido de las dos palomas está infiltrado por el crimen organizado.
Ayer en la mañana, cuando se publicó en los diarios matutinos la abrupta dimisión de Marroquín Pérez, se lo conté a un amigo que colabora conmigo en los quehaceres de la casa donde vivo. Don Juan, tal su nombre, que está muy lejos de considerarse un ampuloso analista político y que a regañadientes iba a votar por Colom en la segunda vuelta, a falta de mejor opción, se limitó a decir «Â¡ya ganó Pérez Molina!»
En cuatro breves, pero contundentes palabras, mi colaborador resumía el pensamiento y el sentimiento de una indeterminada cantidad de guatemaltecos/as que en contra de su propia voluntad y reñidos con su ideología política, tenían la intención de votar por el candidato de la UNE; pero que, a estas alturas, al observar la tibieza de Colom, incapaz de sostener y respaldar plenamente a José Carlos en la incómoda y peligrosa posición en que se encontraba, intuyo que ya ni siquiera se acercarán a los centros de votación para emitir su sufragio, porque si con anterioridad dudaban de la firmeza del abanderado uneísta, ahora están convencidos de que es un político de carácter débil ?como lo machaca la propaganda del Partido Patriota? que no merece la confianza de los electores.
Sin embargo, desde las alturas de su autosuficiencia, la primera reacción de Colom ante la renuncia de José Carlos, no tuvo empacho en declarar que no afectará su candidatura, en vista de que «la estrategia está hecha y la continuará otra persona», además de negar las posibles vinculaciones de la UNE con el narcotráfico y el crimen organizado. Afirmó que esos lazos no existen, al admitir que Marroquín Pérez «era uno de los filtros para evitarlo».
Se necesita estar ávido de poder y empachado de ambición, para negar que la renuncia de José Carlos afecte las aspiraciones de Colom, pese a que la presencia del joven político en la cúpula de la UNE, constituía una garantía de honestidad y transparencia en la conducción de esa organización política, y que con su salida le abre las puertas de par en par a oscuros personajes de dudosa reputación.
En resumen, a causa de la fragilidad de Colom es tiempo y dinero perdido realizar la segunda vuelta. Guatemala casi ya tiene presidente para el próximo período, y no es el candidato de la UNE, precisamente, aunque no haya diferencias programáticas entre ambos, de suerte que seguiremos en las mismas o peores condiciones.
Y ahora, con correos difamatorios contra José Carlos.