En esta elección de segunda vuelta los guatemaltecos vemos que se trata de decidir entre volver al pasado o seguir con el presente y esa disyuntiva me hace pensar en que lo mismo da Chana que Juana, porque no aparece aquella propuesta que implique romper con el pasado funesto y con el presente decepcionante para construir un futuro promisorio. Entre los militares de la larga historia y los civiles de la reciente «democracia», el pueblo no ha tenido alivio y cambian las formas de latrocinio y de violencia, pero ambos fenómenos se mantienen como constante.
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De Arana a Mejía Víctores y de Cerezo a Berger, la verdad es que no hay ejemplos que uno pueda considerar edificantes. Por algo sigue siendo cimera la figura de Juan José Arévalo puesto que fue el único presidente que transformó realmente al país y que del oscurantismo feudal de Ubico hizo surgir la institucionalidad democrática con avances como el Seguro Social, la legislación laboral, avances en enseñanza, autonomía no sólo para la Universidad de San Carlos, sino para los municipios y, en fin, la transformación de aquella sociedad triste y gris que vivía bajo el puño del tirano, para dar paso a la pujanza de una Guatemala en la que el vigor de la juventud se acompañaba de ideales románticos para crear un nuevo orden en el país.
¿Dónde está hoy la propuesta innovadora o renovadora que permita pensar en la construcción de una Guatemala distinta? La verdad es que entre volver al pasado y quedarnos en este mediocre presente, caemos en que lo mismo da Chana que Juana. El regreso al pasado es terrible y odioso porque el nuestro es un pasado lleno de oprobios, pero conservar este presente desteñido que apenas sirve para que unos pocos amasen fortunas, generalmente mal habidas, mientras el pueblo subsiste arrastrando su falta de oportunidades, tampoco tiene mucho sentido.
Un presente en el que desmantelamos al Estado, se vendieron sus activos y se aniquiló la capacidad de atender las necesidades sociales de la población. Un presente en el que las instituciones no sirven ni para aplicar justicia y ello hace que unos pocos se conviertan en barrenderos de la sociedad, aplicando la limpieza social de manera tan brutal como indiscriminada, hechos que asociamos al pasado porque ya ni reparamos que forman parte de lo cotidiano en nuestro presente.
La disyuntiva entre el pasado y el presente no me estimula porque quiero ver hacia el futuro, a la transformación del país para que abandone esa indolencia que nos mantiene limitados a ir tirando de la carreta. A vivir «piscinas pero con tenis», como dicen muchos ahora para reflejar que ya nos conformamos con nuestra suerte y tratamos de llevarla lo mejor posible. Ni en la primera vuelta ni mucho menos ahora, encuentro esa propuesta refrescante, creativa, desafiante para darle vuelta a nuestra sociedad y romper con el tenebroso pasado y el cada vez más decepcionante presente. Triste destino el de un país con tantos problemas, con tantas carencias, que no tiene más opción que la de escoger entre seguir bien fregados o regresar a un pasado igualmente tenebroso. Ojalá como pueblo entendamos que si lo mismo da Chana que Juana, debemos construir la alternativa.