La doctrina católica establece como un mandamiento fundamental «honrar padre y madre». En todos los países del mundo se inculca el respeto a los símbolos patrios, a las autoridades y a nuestros mayores. Guatemala es un país que ha perdido mucho de ese respeto y todo esto, tarde o temprano, afecta a nuestros hogares, a la sociedad y juventud.
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Durante el concurso Latín American Idol en el que el joven guatemalteco Carlos Peña fue electo como la figura más destacada como cantante, la juventud se vio unificada y entusiasmada por apoyar dicha elección. Mis nietos, al igual que todos los jóvenes de su edad, se encontraban pendientes y contagiaron su entusiasmo a sus padres, era tal su deseo de obtener este resultado que emplearon sus asignaciones semanales para comprar tarjetas telefónicas para votar a favor de Carlos Peña, incluso, uno de ellos me pidió prestado mi celular para votar a favor de este joven valor, lo cual le permití -no sólo para apoyar su entusiasmo-, sino por simpatía a su familia, a su padre Hugo y a su abuelo Tin tan Peña», del que desde joven tuve un conocimiento personal, pues se casó con la hija más pequeña de mi tío Rafa.
Es indudable que todos los pueblos, nosotros no somos la excepción, necesitamos este tipo de estímulos, ya sea en lo artístico o en lo deportivo, por esa razón Rusia, Cuba, Estados Unidos, China, etc., estimulan el deporte, la cultura y el arte, es una manera de distraer la atención pública de las vicisitudes, especialmente en un país como el nuestro donde no hay mucho de qué alegrarse. En otras palabras es, como en la época de los romanos, una distracción para que el pueblo centre su atención.
No hay duda que Peña merece el logro obtenido, lo que sí ha llamado la atención y lo han comentado en varias cartas a diferentes medios de comunicación es la improcedente actitud del Presidente y Vicepresidente de la República que subieron al estrado buscando apropiarse -ante la opinión pública- de un éxito que no sólo no les correspondía, sino que ellos como representantes de la unidad nacional no supieron guardar la compostura.
Inclusive, ha habido cartas donde se señala que en la bienvenida de Carlos Peña se reflejó la perdida de valores educativos y cívicos, pues varias personas al entonar el Himno Nacional no se descubrieron, sino mantuvieron las gorras puestas. Esto me recuerda el último mes de septiembre de 2003 cuando fungía como Vicepresidente de la República, y concurrí al Teatro Nacional a juramentar como ciudadanos a varios miles de jóvenes, mujeres y hombres, y algunos de ellos, mientras se entonaba el himno se comportaban de manera poco respetuosa, bromeaban, mientras la gran mayoría, con fervor patrio y respeto, entonaban el Himno Nacional, hecho que me hizo necesario señalarles que de la misma manera que nosotros honramos a nuestros padres, respetamos a nuestros maestros y nos comportamos decorosamente en la iglesia, independientemente de cuál sea la religión que profesemos, así debemos de cuidar nuestras actitudes cívicas. Como dijera el prócer y poeta José Martí: «Honrar, honra».