Desde hace algunos días me he sentido un poco triste debido a razones que van desde lo personal hasta lamentar la muerte de Pavarotti y Marceau, por ejemplo. Por esa razón, decidí dar un giro a mi vida y buscar ser una persona más optimista y exitosa.
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Desde hace años tengo pendiente la lectura de libros de autoayuda, como «Siete hábitos para personas altamente efectivas», «Â¿Quién se ha comido mi queso?» o «Yo me comí tu queso». Así que, aprovechando la coyuntura personal, le entré a estos libros.
Lo que me llama la atención es que cómo hay personas que se creen autorizados para aconsejar a la gente, con el único argumento que, como a ellos les ha funcionado una estrategia, creen que todos somos iguales.
Pues, si algunas personas sufren verborrea y les da por aconsejar, yo también redacté unos consejos, que he titulado «Siete efectos para personas altamente habituales», los cuales consigno a continuación:
1. Si necesita un consejo, es porque no puede ayudarse a sí mismo.
2. Levántese temprano de lunes a viernes, desayune y vaya a trabajar. Diga que sí a todo lo que digan sus jefes. No se esfuerce en su trabajo, a menos que quiera ahorrar para un carro nuevo. Llegue a su casa, cene poco y no se desvele. Así no le costará levantarse temprano al siguiente día. Eso sí, el viernes por la noche salga a divertirse, incluso a emborracharse, si es posible para regresar hasta el domingo. De esa forma, no le pesará tanto regresar el lunes a su rutina y soportarla.
3. Báñese todos los días, para no molestar a nadie con su olor. Pero el domingo no lo haga. Por lo menos un día a la semana, huela como usted mismo.
4. No se entusiasme ni se alarme con las noticias de los periódicos. Las muertes en Irak continuarán aunque usted esté en contra.
5. Siga fiel a su estilo, sea efectivo y lea a los habituales: Cortázar, Baudelaire, Asturias, Neruda, Cervantes, Garcilazo, Kafka, etcétera.
6. Resérvese el derecho de pensar todo el día. La mejor hora para hacerlo es a las tres de la mañana.
7. No escuche ni lea consejos, le hacen daño. Usted ya es todo lo que ha soñado ser, nadie le puede decir cómo lograrlo.
Haciendo eco a este último consejo, tomé todos los libros de autoayuda y los tiré a la basura. Escondido entre ellos se encontraba «Una temporada en el infierno» de Arthur Rimbaud, cuya lectura me hizo sentir mucho mejor, por lo que lo considero altamente efectivo. Por suerte, nunca he necesitado que Dale Carnegie me diga cómo hacer amigos.
Ahora recuerdo que Charly García ya había expresado todo esto de una mejor manera en una de sus canciones: «Solamente muero los domingos y los lunes ya me siento bien». (http://diarioparanoico.blogspot.com/)