Infinidad de veces he oído múltiples expresiones sobre la mala, obsoleta o desactualizada que pueda estar nuestra Constitución, pero salvo contadas excepciones (por ejemplo el Proyecto Pro Reforma del Muso Ayau) he podido conocer aquellos sesudamente elaborados para mejorarla y que pudieran servir de base para ulteriores modificaciones. Esto se ha vuelto cosa común en nuestro medio en donde en vez de mejorar nuestro afán constructivo, nos inclinamos más a la destrucción. Bajo mi perspectiva, sabiamente nuestros constituyentes dejaron abierta la posibilidad de crear el tantas veces mentado «Distrito Metropolitano» cuando consignaron en su Artículo 224 que: «cuando así convenga a los intereses de la Nación, el Congreso podrá modificar la división administrativa del país, estableciendo un régimen de regiones, departamentos y municipios, o cualquier otro sistema, sin menoscabo de la autonomía municipal».
En otras palabras, desde 1985 ha estado abierta la posibilidad de crear un distrito más amplio que el propio municipio de Guatemala, también llamado Ciudad Capital, en donde con suma facilidad traspasamos la «frontera» de Mixco, de Villa Nueva y tantos más municipios que rodean a la otrora «tacita de plata». Digo lo anterior, porque cuando supe de la visita que los actuales candidatos finalistas le hicieron al alcalde Arzú, me puse a imaginar que por fin podría eliminarse la errónea idea que ha estado predominado de que autonomía municipal significa hacer lo que se le venga en gana, en vez de ser una entidad que forma parte del mismo Estado, por lo que la coordinación y colaboración son términos que jamás debieran dejarse de lado, mucho menos vivir en el constante pleito en el que la única perjudicada ha sido la población guatemalteca.
De ahí que exprese mi deseo de pensar en grande. Por ejemplo, ya es hora de entrarle a las soluciones alternas para resolver el problema que vino a causar la construcción del Transmetro que benefició a unos y despedazó a los otros. Ahí está la sugerencia que acabo de leer en un matutino, para dividir su salida (de norte a sur) por la Atanasio Tzul llegándose hasta el municipio de Villa Nueva y la entrada (de sur a norte) por la Aguilar Batres, quedando con esto ampliadas las respectivas vías de comunicación, evitando el embudo que trae de cabeza a todo el mundo.
Si don ílvaro y don Otto le fueron a pedir cacao a don ílvaro es cosa muy de ellos, a eso le llamo política de alcoba, porque al igual que sucede en el matrimonio, nunca debe afectar el bienestar de la familia, en este caso de la población, lo que al fin y al cabo es el máximo objetivo que deben perseguir tanto las instituciones como los servidores públicos. Se oye y se ve muy bonito el agradecimiento que los políticos expresan por los medios de comunicación a sus votantes, pero eso es simple y sencillamente un quedar bien. En mi criterio, eso es seguir pensando en chiquito.
En cambio, pensar en grande, es ir más allá de la lisonja, del protocolo, del abrazo, de los besitos en los cachetes y en cargar a los hijos de quienes los aplauden. Pensar en grande, es sentarse a discutir cómo es que el reparto de los fondos privativos de las municipalidades que el Estado hace llegar, efectivamente lo reciba la gente más necesitada, no que hoy en día, con la misma vara es medido aquel municipio que no sabe ni jota de lo que es electricidad, mucho menos de desagí¼es o de agua potable.
No, no es posible que vayamos a seguir padeciendo en los próximos cuatro años las mismas necesidades y carencias. Muy cierta es la excusa de Berger para quitarse la brasa de encima, que no se puede en tan poco tiempo satisfacerlos a todos, pero al menos, debiéramos estar dando los primeros pasos para que el que venga detrás siga el mismo derrotero.