Caminar siempre ha sido un ejercicio que, no sólo a mí sino que a gran parte de personas, ayuda a la relajación del cuerpo y, de paso, sirve para tener un poco de tiempo para reflexionar.
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Darse el espacio para caminar despacio, cuando este mundo gira muy rápido, permite ver con detenimiento la realidad. Sin embargo, ésta puede ser chocante, tal como le sucedió a Pablo Neruda cuando escribió su poema «Walking around», que es uno de los que más me gustan. El «Sucede que me canso de ser hombre», parece ser una de las expresiones más sinceras en la historia de la literatura.
Pese a la belleza de este poema, siento que la experiencia es casi irrepetible, pues es casi imposible caminar con tranquilidad en las ciudades latinoamericanas, si no que debemos correr por miedo: a ser asaltados, a llegar tarde, a ser atropellado, etc. De esa cuenta, una versión moderna del poema nerudiano debería llamarse «Running around».
Y en una rápida caminata (corrida) por la ciudad capital, realmente debemos andar marchitos, impenetrables, navegando en agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me corre a gritos, y lo único que deseamos es un descanso. Ya no quiero ver mercaderías ni mercantilismos; ni traficantes ni consumismos. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo, sería delicioso que en las elecciones hubieran predominado los votos en blanco, o que Castresana logre, por fin, enjuiciar a los corruptos.
No quiero ser pesimista, ni señalar exclusivamente lo negativo. No quiero reptar, ni mucho menos vegetar: comer, dormir y pensar sólo para mí mismo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias, pero el problema es que me jodo mucho. No quiero caminar hacia la tumba, convivir con muertos, que me miran muriéndome de pena.
Por eso, el día lunes arde como el petróleo, incluso ahora que éste ya sobrepasó los 80 dólares por barril, y que seguramente servirá para que los gasolineros aumenten sus cuotas, y de ahí todos los productos de la canasta básica en general.
«Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos (mi espejo) que debieran haber llorado de vergí¼enza y espanto».
«Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias». (http://diarioparanoico.blogspot.com/)