Retorno a un pasado, aún no superado


Quien crea o diga que con las votaciones del pasado 9 de septiembre se «fortalece la democracia electoral» en el paí­s, no sólo está equivocado, sino da la impresión de que no sabe lo que está diciendo. Hablar de una «democracia electoral» subjetiviza hechos y convierte en realidad una ilusión. Además, magnifica un «acontecimiento» que está visto que para lo que sirve es para «asegurar» la continuidad de un sistema que cada cuatro años pone al descubierto sus limitaciones y estrecheces, caducidad y agotamiento.

Ricardo Rosales Román

Tampoco es cierto y se equivoca quien asegure que se fortalece el sistema de partidos y de votaciones (ya no me referiré de aquí­ en adelante al sistema electoral, porque no corresponde a lo que en realidad es). Al contrario, se debilita y agrieta aún más como consecuencia de los resultados que arrojan las votaciones del dí­a 9.

Por el contrario, tiene toda la razón y acierta quien es de la opinión y sostiene que de las votaciones recién pasadas, lo que resulta es que empieza a configurarse un reacomodo polí­tico (en forma todaví­a imperceptible, pero que conforme pasen las dí­as podrá percibirse claramente) alrededor del poder oligárquico militar, en las condiciones de crisis social e institucional por la que está atravesando el paí­s. Las dos «fuerzas» electoreras que pasan a la segunda vuelta, lo confirman.

Y es en lo que ambas se parecen más, lo cual no significa que sean exactamente iguales. Al final de cuentas, el objetivo que persiguen es el mismo: administrar la crisis en interés del poder oligárquico militar.

La reconfiguración en referencia y que, repito, está en marcha, la determina la presencia de militares en situación de retiro en la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y en el Partido Patriota (PP), encabezado por un General igualmente en condición de retiro, en cuyas filas también militan militares en esa misma situación.

Estrictamente hablando, no se puede decir que se está en presencia de un hecho «nuevo».

La diferencia de situaciones anteriores, está en las condiciones y momento de ahora y cuyo antecedente más cercano arranca con el golpe de Estado militar de marzo de 1963, encabezado por el coronel Enrique Peralta Azurdia, ocasión en que el poder oligárquico «le confí­a» o «acepta» que el poder militar asuma el ejercicio de la administración pública y que, aparentemente habrí­a «concluido» -después de una sucesión de gobiernos militares de fuerza fraudulentamente electos-, con el ascenso a la Presidencia del licenciado Vinicio Cerezo el 14 de enero de 1986.

Se trata, entonces, de un prolongado perí­odo de 23 años y que casi equivale a lo que va de la «apertura polí­tica» que lo que ha facilitado es la proliferación de partidos de derecha y la sucesión de seis gobernantes de corte conservador, uno de ellos señalado de populista de derecha y corrupto, y cinco de neoliberales, al servicio de distintos sectores de las élites oligárquicas en constante disputa por la hegemoní­a del poder polí­tico y empresarial.

De tal manera que (independientemente de quien quede como Presidente de la República) el poder civil se debilita más y el oligárquico militar, podrí­a tender a afianzarse.

En un caso, si el candidato de la UNE resulta siendo el gobernante, su condición de civil, aunado a sus caracterí­sticas personales que son las que menos le favorecen, hace posible y asegura que ello suceda. En el otro, si es el presidenciable del PP quien resulta siendo el gobernante, su condición de militar (en retiro) de alta graduación, lo convierte en el mandatario alrededor de quien podrí­a girar el reacomodo oligárquico militar que resulta, insisto, de los resultados de las votaciones recién pasadas.

En ambos casos, se está ante el peligro real del retorno a un pasado, aún no superado.

En consecuencia, después del 9 de septiembre, el paí­s no es el mismo y no es el mismo porque algo haya cambiado para bien, sino porque puede que cambie para estar peor.

La abstención, los votos en blanco y los nulos, es una importantí­sima cuestión a la que se le presta muy poca atención, no se analiza a fondo, y si ahora algo se habla en los medios respecto a los votos nulos (las manipuladoras encuestas por encargo, los invisibilizan), es porque seis partidos contendientes (la UNE entre ellos), en un desesperado acto, propio de «contendientes» virtualmente derrotados, solicitaron su revisión, lo cual una vez más, pone en un serio aprieto al Tribunal Supremo Electoral (TSE), muy dado a adoptar decisiones salomónicas que los partidos no acatan ni respetan.

Vale centrar la atención, entonces, en los datos preliminares con que se cuenta, pues ni la UNE ni el PP alcanzan resultados que les legitimen. A la luz del padrón electoral, es mí­nimo el porcentaje de votantes a su favor e í­nfimo en relación al total de la población del paí­s.

Por ahora, hasta aquí­. Continuaré, el próximo miércoles.