Lógico resultaba que después de haber ejercitado el poder de manera aletargada, opaca y anodina, el destino de la Gana más temprano que tarde sería el cementerio político. Aunque tratándose de elecciones era de imaginarse, que después del fracaso de unas primarias prefabricadas, de la fallida candidatura de alguien a quien se le hizo saber que era solo un invitado, el doctor Francisco Arredondo, acudirían más tarde angustiados a solicitarle a otro galeno los rescatara de una inminente y poco honrosa derrota electoral.
Muchos estamos de acuerdo de que en las recién finalizadas elecciones de primera vuelta, una de las grandes figuras fue la de Alejandro Giammattei, indudablemente que su papel de candidato tendrá que calificarse de bueno. No me cabe la menor duda de que sin Giammattei la Gana no habría alcanzado ni la mitad de los 37 diputados que tendrá en el próximo Congreso, mucho menos de lograr el primer lugar de los votos presidenciales de la capital. Si Giammattei no alcanzó llegar a la primera vuelt, fue porque en cierta medida tuvo que cargar con el lastre de un gobierno por demás desprestigiado. Siempre lo dije, Giammattei le sumaba a la Gana pero la Gana le restaba a Giammattei. Hoy, después de haber salvado a ese Partido de una segura debacle es tratado por ese grupito excluyente y elitista como alguien ajeno a esa agrupación política, tal como trataron a Arredondo, es decir, simple y llanamente resultó ser otro invitado.
La ausencia del ex candidato presidencial en la conferencia de prensa dada por el Comité Ejecutivo de la «Gran» Alianza Nacional donde declaran que no apoyarán a ningún candidato y los comentarios posteriores del mismo Giammattei, de la posibilidad de darle él, a título personal, su apoyo a uno de los dos partidos que alcanzó llegar a la segunda vuelta, solo nos sugiere la distancia que se empieza a marcar entre los dueños de ese Partido y su ex presidenciable. En lo personal, me empieza a parecer muy difícil observar nuevamente a Giammattei como candidato de la Gana.
Es algo que no veremos definido en los próximos días, pero definitivamente es poco probable que los líderes de ese Partido reconozcan en Giammattei a alguien, como algo más que un invitado.
Mas que dirigirse a la Presidencia, en su momento le sugerí a Giammattei encaminarse al Palacio de la Loba, hubiesen sido grandes sus posibilidades a causa de que el único rival serio a vencer, era el actual y ahora reelecto Alcalde. Pero en fin, llamado a última hora como relevo de emergencia y que ha corrido por extravío, resulta ser hoy el doctor Alejandro Giammattei una de las estrellas políticas que se contemplan en ese lejano horizonte electoral del año 2011. En la próxima elección podría lanzarse con mejores bonos e incluso hasta conquistar mi voto, pero para eso tendría que exigir del Partido que lo proponga, mesa limpia. Es decir, no aceptar en su proyecto a personajes cuestionables como la de esos indeseables diputados viajeros. De otra manera, ¿Quo vadis, Giammattei?