Los números nos señalan que quienes fuimos a votar el pasado domingo sumamos más del 60% de los aptos para votar. Esa concurrencia es, inclusive, mucho mejor aún que en algunos países de los llamados desarrollados. Los números también nos señalan que igual que hace cuatro años, la próxima legislatura arrancará con diez agrupaciones políticas con representación en el legislativo (y al igual que hace cuatro años, es predecible anticipar que el propio 14 de enero o bien pocos días después el número de facciones legislativas habrá de aumentar).
Los números revelaron el juego de los matutinos (con la instrumentación de las encuestas), en cuanto a incrementar su radio de influencia y así continuar por los próximos cuatro años imponiendo las agendas del Ejecutivo y del Legislativo, tal lo hecho en el pasado. Hace cuatro años su juego fue en total, abierto y hasta cínico apoyo al gobernante actual. Si hubiese sentido de memoria histórica y al menos algo de fundamental ética periodística, tendrían una gran factura que pagar por el cúmulo de ofrecimientos estimulados por ellos y ahora, que está por concluir el mandato, evidentemente incumplidos. En ese contexto, quienes dirigen el matutino Prensa Libre tendrían que ofrecer una amplia explicación por la «información» estadística que se ofreció en senda portada a penas tres días antes de las elecciones. Hay muchas especulaciones negativas alrededor de esa publicación.
A estas elecciones se postularon para la reelección poco más del 80 % de los alcaldes actuales. La alcanzaron, según datos preliminares, 102 alcaldes, incluyendo la alcaldesa de Ocós. Es decir el 30.42 % de las 332 municipalidades. Más o menos parecido al resultado de las elecciones de 1999.
Las felonías. En el ámbito municipal nos percatamos cuán fácilmente estos espacios pueden caer en las redes de intereses particulares y la actitud de multitudes manipulables que actúan en contra de su propia seguridad civil y certeza jurídica. Ahora hemos visto que esta estimulación de descontentos no necesariamente tiene raíces en lo electoral. La conflictividad ha ido en aumento desde las sucesivas elecciones de 1999, 2003 y las actuales. Quizás lo que habría que revisar es la forma de adjudicación, por mayoría simple. Una tarea adicional para el Legislativo, pues tal se encuentra contenida en el artículo 202 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos.
Más acentuado está el coqueteo de los presidenciables hacia las autoridades locales. Se han dado cuenta de su determinante papel para la segunda vuelta. Aunque como no hay en nuestro país arraigo partidario, no se puede caer en la tentación de asumir que los votos (o sea las voluntades) se pueden transferir de uno a otro como que fuesen objetos materiales. La importancia de los acercamientos a los líderes locales no está en los ofrecimientos que les formulen los presidenciables que contienden para la segunda vuelta.
La importancia de la relación del liderazgo local y la responsabilidad de cada presidenciable está en la capacidad de plantear opciones de solución a problemáticas concretas y circunscritas a cada jurisdicción municipal. Si en ese espacio no se establece un adecuado puente de comunicación, los acercamientos poco o nada habrán de influir en el electorado municipal y en consecuencia poco se verá en la concurrencia a las urnas el próximo 4 de noviembre.
Las expectativas son por demás complejas. La ausencia de operadores políticos en las organizaciones en contienda para la segunda vuelta anticipa una intrincada y hasta tirante relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. El fraccionamiento del Congreso es su debilidad. Su inercia puede ser su manifestación más predominante. En todo caso no «vienen tiempos mejores». El reto para los futuros gobernantes será ser lo suficientemente creativos como para despertar y fortalecer alianzas que nos ayuden a evitar crisis mayores.