Repasa uno los programas de gobierno de los candidatos y no encuentra en ellos una propuesta seria y razonable que apunte a la transformación indispensable de la actitud del guatemalteco, a partir de la construcción del civismo y del encuentro de nuestra identidad nacional. Los guatemaltecos nos hemos ido convirtiendo en un pueblo amorfo en buena medida porque no asumimos nuestro papel ciudadano ni para exigir cabalmente nuestros derechos ni para cumplir al pie de la letra con nuestras responsabilidades.
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Es más fácil dejar pasar y dejar vivir que asumir el papel protagónico de crear Patria y actuar con la seria responsabilidad que adquiere cualquier nacional de un Estado que se siente parte importante de la vida social. Generaciones anteriores de guatemaltecos fueron luchadores en todo el sentido de la palabra, desde el trabajo cotidiano realizado no sólo con esmero, sino con el orgullo de dejar una huella, hasta en el combate a las formas de opresión, a las injusticias que le afectaran directamente o que afectaran a sus semejantes.
Por ello tuvimos en el pasado movimientos revolucionarios que buscaban cambios para mejorar la condición social del país. Pero el último de esos movimientos, el que más sangre costó y el que más dolores causó, terminó produciendo una nueva generación de guatemaltecos en la que el espíritu y sentido de la solidaridad, de la responsabilidad cívica y del orgullo ciudadano se perdió por completo. Acaso haya sido la represión indiscriminada a que nos sometieron o tal vez la burla que al final de cuentas significó ese enorme sacrificio y cuyo fruto ha sido apenas la conformación de insignificantes movimientos políticos acaudillados por ideólogos tan trasnochados como ambiciosos. Lo cierto es que tenemos hoy un país en el que la juventud vive el día a día, sin detenerse mucho a pensar en el futuro, y donde el derecho de la nariz es mucho más importante que el viejo espíritu de solidaridad que no sólo nos permitía compartir las penas, sino luchar conjuntamente para erradicarlas.
El fin de las ideologías en nuestro medio se produjo junto al fin del civismo, de la responsabilidad ciudadana y del espíritu de identidad con la Patria y el resultado es un conjunto de personas que vive su vida sin mayores compromisos más que el de subsistir.
Y uno quisiera ver entre los planes de los candidatos algo que tenga que ver con la vuelta al orgullo de ser guatemalteco, al deseo de ser solidario para trabajar a brazo partido a favor de los que menos tienen. Una propuesta que, sin necesidad de ser revolucionaria, apunte a la justicia para estructurar una patria diferente en la que todos nos sintamos bien, con espacio para realizarnos y para llevar prosperidad a los nuestros.
Tal vez son ideas trasnochadas que surgen en estos días en que se habla del patrio ardimiento y las antorchas de la libertad recorren la geografía patria en manos de jóvenes que saben que no son libres porque carecen del elemental respeto a su dignidad y porque no tienen oportunidades más allá de la que les pueda ofrecer el coyote que prepara los papeles para llevarlos al extranjero. Pero sería bueno que los políticos que hoy siguen en liza, vieran ese panorama para ofrecer alternativas.