¡Y me dijo que tengo que ir al psiquiatra!


Cuando nos referimos a enfermedad mental se considera con alguna frecuencia que es un padecimiento que les ocurre a las personas que están «muy mal», que son débiles de carácter, alocadas, que pueden no estar bien con Dios y que por todo lo anterior de manera justa cabe el sufrimiento en sus vidas.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Lo anterior no nos permite considerar que existen además de enfermedades fí­sicas otro tipo de dolencias que se manifiestan en nuestro diario vivir de manera distinta, dando origen a nuestros achaques, propiciando malestar con nosotras y nosotros mismos, dificultando nuestro desempeño en nuestros trabajos, en nuestras familias y en nuestra vida social.

Aun existiendo una clara evidencia de que los seres humanos también enfermamos emocionalmente y que son los factores genéticos, neurobiológicos, emocionales, familiares, sociales y culturales que se combinan entre sí­ para producir sí­ntomas especí­ficos que conducen a la enfermedad mental. Nos cuesta aceptar la idea de que podamos tener un diagnóstico relacionado a una enfermedad mental. Talvez preferirí­amos tener una apendicitis, una neumoní­a, u otro tipo de enfermedad orgánica antes que nos dijeran que poseemos una depresión. Esto se debe en parte a la desinformación de las enfermedades relacionadas al área de la mente y las emociones, a la ignorancia de su existencia y a los prejuicios creados respecto a estas enfermedades.

Es allí­ donde nos sentimos ofendidos cuando alguien nos refiere al psiquiatra; ¡Y me dijo que tengo que ir al psiquiatra!, gran ofensa para algunos. Pero es conveniente ir rompiendo estos prejuicios sobre asistir al especialista en psiquiatrí­a o al psicólogo/a, ya que cada dí­a existe un aumento de las enfermedades relacionadas con estas profesiones y muchas personas sufren con mucha pena, dolor y hasta vergí¼enza su desconsolante y desesperanzador padecimiento.

En nuestra sociedad se han ido perdiendo sentimientos de confianza y amor, también lazos de solidaridad aún dentro del seno de nuestras propias familias. Y las enfermedades emocionales se manifiestan de diversas maneras; a través de dolores corporales, de vací­os internos, por la manifestación de emociones tales como: la tristeza, los miedos (temor a morir), la desilusión, la frustración y el enojo. Pensamientos pesimistas, suicidas, obsesivos y rituales repetitivos y con falta de un sentido.

El objetivo de este artí­culo es el comenzar un espacio dirigido a la reflexión, al análisis y consulta sobre los temas relacionados a salud mental. Informando a la población guatemalteca sobre los diferentes problemas que abordan los trabajadores en salud mental (psiquiatras y psicólogos) y propiciar una atención pronta y oportuna ante su dolor humano.

Es de agradecer al licenciando Oscar Clemente Marroquí­n el que haya apoyado esta iniciativa.