Cuando nos referimos a enfermedad mental se considera con alguna frecuencia que es un padecimiento que les ocurre a las personas que están «muy mal», que son débiles de carácter, alocadas, que pueden no estar bien con Dios y que por todo lo anterior de manera justa cabe el sufrimiento en sus vidas.
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Lo anterior no nos permite considerar que existen además de enfermedades físicas otro tipo de dolencias que se manifiestan en nuestro diario vivir de manera distinta, dando origen a nuestros achaques, propiciando malestar con nosotras y nosotros mismos, dificultando nuestro desempeño en nuestros trabajos, en nuestras familias y en nuestra vida social.
Aun existiendo una clara evidencia de que los seres humanos también enfermamos emocionalmente y que son los factores genéticos, neurobiológicos, emocionales, familiares, sociales y culturales que se combinan entre sí para producir síntomas específicos que conducen a la enfermedad mental. Nos cuesta aceptar la idea de que podamos tener un diagnóstico relacionado a una enfermedad mental. Talvez preferiríamos tener una apendicitis, una neumonía, u otro tipo de enfermedad orgánica antes que nos dijeran que poseemos una depresión. Esto se debe en parte a la desinformación de las enfermedades relacionadas al área de la mente y las emociones, a la ignorancia de su existencia y a los prejuicios creados respecto a estas enfermedades.
Es allí donde nos sentimos ofendidos cuando alguien nos refiere al psiquiatra; ¡Y me dijo que tengo que ir al psiquiatra!, gran ofensa para algunos. Pero es conveniente ir rompiendo estos prejuicios sobre asistir al especialista en psiquiatría o al psicólogo/a, ya que cada día existe un aumento de las enfermedades relacionadas con estas profesiones y muchas personas sufren con mucha pena, dolor y hasta vergí¼enza su desconsolante y desesperanzador padecimiento.
En nuestra sociedad se han ido perdiendo sentimientos de confianza y amor, también lazos de solidaridad aún dentro del seno de nuestras propias familias. Y las enfermedades emocionales se manifiestan de diversas maneras; a través de dolores corporales, de vacíos internos, por la manifestación de emociones tales como: la tristeza, los miedos (temor a morir), la desilusión, la frustración y el enojo. Pensamientos pesimistas, suicidas, obsesivos y rituales repetitivos y con falta de un sentido.
El objetivo de este artículo es el comenzar un espacio dirigido a la reflexión, al análisis y consulta sobre los temas relacionados a salud mental. Informando a la población guatemalteca sobre los diferentes problemas que abordan los trabajadores en salud mental (psiquiatras y psicólogos) y propiciar una atención pronta y oportuna ante su dolor humano.
Es de agradecer al licenciando Oscar Clemente Marroquín el que haya apoyado esta iniciativa.