Ayer los ciudadanos guatemaltecos despertamos con la preocupación que era el día de las elecciones, la mayoría respondimos al deber de concurrir a votar; confiemos en que a pesar de la influencia que producen las encuestas, lo hayamos hecho pensando en nuestros hijos.
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Por primera vez la fecha y el voto no van concentrados exclusivamente en las cabeceras municipales, lo que permitió que los trabajadores del sector agrícola que recogen café, cortan caña y otros productos, a partir de noviembre, no estuvieran fuera de su jurisdicción y pudieran ejercer el voto.
Las encuestas, dependiendo de quienes las pagan y publican, acercaban o alejaban a los candidatos. Lo que nadie dudaba es que de los 14 binomios, solo dos de ellos estarán presentes en la segunda vuelta. Esto no significa que no supiéramos, independientemente de las encuestas, quiénes tendrían la posibilidad de pasar a la segunda vuelta. Es ahí donde verdaderamente se determinará qué es lo que la mayoría de los ciudadanos considera debe integrar el próximo gobierno.
El Tribunal Supremo Electoral, a pesar de haber contado con el enorme presupuesto de Q409 millones, no fue capaz de informar a la ciudadanía los nombres de quiénes integraban las planillas de candidatos a diputados del listado nacional y distrital, evidenciando con ello una enorme falta de responsabilidad y una clara muestra de ineficiencia.
El nuevo Congreso de la República estará integrado de por lo menos ocho partidos políticos. Esperemos que todos los que han tenido la oportunidad de ser electos comprendan que el presente y el futuro del Congreso estará determinado por la calidad del actuar de cada uno de ellos.
Ello implica que los diputados electos como representantes deben buscar el bien de la mayoría de los guatemaltecos, responder a sus distritos y evitar ser utilizados por los clanes políticos como «marchantes» que cargan las decisiones, no de quienes los eligieron, sino de quienes los instrumentalizan y utilizan en el juego de sus intereses personales o del canje que beneficie al clan familiar y no a los principios que debe representar. Una cosa es ser leal y otra cosa es no pensar, no opinar y convertirse en vasallos incondicionales de determinado sector, grupo, o más triste aún, de determinadas personas.
En las planillas municipales, cada quien conoce al alcalde electo de su municipio, seguramente no conoce quienes son todos los síndicos y concejales electos que integrarán las nuevas corporaciones. En los 332 municipios, la población debe de informarse cómo quedó integrada la corporación que gobernará el municipio y desde el principio exigir los servicios municipales que les corresponden, recordando que actualmente las municipalidades reciben la mayor parte de sus ingresos presupuestarios del gobierno central.
Concluida esta elección, el Tribunal Supremo Electoral debe publicar, tanto la inversión como quiénes fueron los patrocinadores económicos de cada partido político, todos los ciudadanos y observadores debemos de exigirlo.
A partir de este momento, los ciudadanos debemos saber y reconocer que nuestro deber como votantes continúa y es la mayor responsabilidad que se nos presenta durante el actual período constitucional. No podemos desligarnos de la obligación de elegir un binomio presidencial, debemos saber escoger por el bien de todos, equivocarnos o permitir que se nos influencie a través de la intensa propaganda, de la manipulación de la información, del correo electrónico o de sus falsedades, no es excusa. Nuestra responsabilidad es votar conciente en la segunda vuelta.