UN CEREBRO PENSANTE Y UNA MANO DURA.


Al hablar de mano dura se entiende el inconfundible mensaje militarista de la necesidad de la fuerza bruta para reordenar el desorden que ahora agobia a Guatemala.

Dr. Carlos Pérez Avendaño

Se entiende que en el trasfondo de la solicitud de una mano dura muchos añoran aquellos años de 1982-83 cuando Rí­os Montt se asentó mediante un golpe de Estado, abolió leyes constitucionales e impuso las que en su mentalidad de chafa se le ocurrí­an. Sirvan de ejemplo los tribunales de fuero especial. Así­ decidió arrasar poblaciones indí­genas incluyendo embarazadas y niños, porque según él, de repente, allí­ se habí­a escondido algún guerrillero.

No cabe la menor duda que ese es el tipo de gobierno que un buen porcentaje de nuestra población añora y que, en su desesperación busca algo semejante a lo que tení­amos en el 82-83 para así­ acabar con los malos.

El haber escogido el lema «mano dura» y hacerse representar por un puño cerrado indudablemente se le ocurre a uno pensar en una mano que aprieta, que ahorca o que a punto de puñetazos pretende cambiar el modo de pensar del narcotraficante.

La omnipresencia del mal, existente desde antes de cuando Caí­n mató a Abel seguirá siempre presente en la humanidad, y siempre habrá necesidad de cárceles para encerrar al malhechor y así­ proteger a la sociedad. Habrá siempre la necesidad de las manos de un agente de policí­a que, con fuerza someta a un asaltante, le coloque los grilletes y lo encierre. Pero, cuando esa fuerza bruta se utiliza irracionalmente y se aplica indiscriminadamente, es un signo de debilidad mental. Es que, si acaso ese traficante distribuidor de droga, luego de ser apresado es puesto en libertad por un juez que se ha vendido, ese juez se merece un castigo igualmente o más severo. Pero, para ello, precisa cambiar las leyes.

Indudablemente que los mercaderes que utilizan los templos para traficar merecen una mano que con un látigo los azote, y los obligue a desocupar, pero, detrás de esa mano, precisa la presencia de una sabidurí­a que ordene cuándo y cómo.

Desafortunadamente el militarismo ha tergiversado ese orden y detrás de esa mano dura ha colocado, en lugar de una inteligente sabidurí­a, a un militar, general del Ejército.

Nuestra Guatemala en estos momentos en que la canalla le agobia, precisa de hombres inteligentes, de buena fe y consecuentemente justos que sepan cuando es que deben apretar la mano, ya sea cuando se trate de un violador de niñas sorprendido in fraganti o de un juez también sorprendido in fraganti cuando recibe el dinero de su sobornador vendedor de niños.

Muy diferente hubiera sido si en lugar de un apretado puño de militar se hubiera utilizado una cabeza universitaria pensante como la del recordado licenciado Arturo Herbruger Asturias (q.e.p.d.) representando la inteligencia, el valor y la justicia.

En ese sentido me pregunto cuál habrí­a sido según d. Arturo, la mejor manera de combatir la más escandalosa fuente de nuestros actuales infortunios cuál es el narcotráfico. El lo comprendí­a muy bien, y sabí­a cómo y cuándo era necesario y precisaba el servicio de una mano del Ejército.

Pero?pero?aquí­ en Guatemala esas utópicas ideas no cuajan y aquí­ en Guatemala, y lo digo con tristeza, la mayorí­a e los guatemaltecos y guatemaltecas les gusta que los traten con una mano irracional como la dura.