Notas finales sobre Franz Schubert -II-


Como ha sido nuestra intención académica y artí­stica, con estas columnas de los viernes, continuamos rindiendo tributo al insigne Franz Schubert como homenaje a Casiopea, esposa dorada de miel y tul, cuya voz oigo a cada hora envolviéndome como náufrago en un sueño. Porque soy, únicamente, hondero de su miel insomne, ciego lucero estacionado en sus diáfanas pupilas y ceniza de cariño que el viento siempre abraza.

Celso Lara

En tal sentido, diremos en primer lugar que en abril de 1817, cediendo a las instancias de sus amigos, Schubert envió a Gí¶ethe una selección de Lieder, cuya música habí­a sido inspirada por textos del poeta; unió a ellos incluso, una carta muy sumisa. Gí¶ethe no respondió nunca.

El otoño de 1817 marcó el fin del plazo legal durante el cual Schubert podí­a ser alistado en el servicio militar; por ello anuló inmediatamente sus funciones de profesor adjunto. Sin embargo, la producción musical de 1818 no fue tan rica como la de los años anteriores, porque Schubert se habí­a visto obligado a dar lecciones de música.

Durante el verano de este año y más tarde, durante el de 1824, marchó como profesor de piano, con la familia del conde Johann Karl Esterhasy a las posesiones de éste en Hungrí­a. Pasó allí­ algunos meses de su vida, que estuvieron realmente exentos de preocupaciones, aunque no fuese excesivamente bien tratado.

De vuelta a Viena, se alojó sucesivamente en casa de todos sus amigos. Por la tarde encontraba en el café a sus amigos (además de aquellos a los que hemos nombrado ya, los pintores Kupelwieser y Moritz von Schwind). En 1820 fueron representados por primera vez Los Mellizos, obra que alcanzó un éxito rotundo.

Se pidió la presencia del compositor en escena, pero Schubert se negó a comparecer por hallarse pobremente vestido. Aquel año conoció a la familia Frí¶hlich que contaba con cuatro atractivas muchachas muy aficionadas a la música, e hizo mucha amistad con ellas. La historia sentimental de la opereta La casa de las tres muchachas, en la que Schubert representa el papel principal, no está de acuerdo con la realidad.

En aquella familia también encontró al poeta Franz Grillparzer. Antes de 1821 solamente algunos Lieder de Schubert habí­an sido impresos a titulo de suplementos. Aquel año, Ignaz Sonnleithner, amigo de Schubert, emprendió la tarea de editar por suscripción 17 cuadernos de Lieder. El Rey de los Alisos apareció entonces como Opus I seis años después de su composición. La crí­tica no se poní­a de acuerdo. Pero el producto de la venta permitió a Schubert pagar las deudas que, a pesar de su modo de vida más que modesto, tuvo que contraer.

En un momento de debilidad, Schubert cedió imprudentemente todos sus derechos de autor a la editorial que habí­a asumido la administración de sus Lieder, por la suma de 800 florines, cuando en dos años habí­an reportado 2 mil. Además, habí­a caí­do gravemente enfermo, pues la influencia de Schober y la desesperación provocada por sus contratiempos le habí­an empujado a una vida mucho menos ordenada. De esta época procede la música de Rosamunda, El Arpa Mágica y La Bella Molinera. La mayor parte de estas canciones í­ntimas fue compuesta en el hospital.