Guardando las grandes distancias, tanto en lo que respecta a la masa de población y el tamaño territorial de los dos países, como en lo referente a la habilidad, capacidad y liderazgo de los candidatos presidenciales a referirme, existe alguna similitud entre lo ocurrido durante las elecciones presidenciales en México, con lo que está sucediendo en Guatemala en la actual campaña electoral.
Seis meses antes que se realizaran las elecciones presidenciales en el vecino país, el Jefe de Gobierno del Distrito Electoral, Andrés Manuel López Obrador, postulado por el centro izquierdista Partido de la Revolución Democrática, encabezaba ostensiblemente las encuestas con una popularidad oscilante entre el 80 % en la capital mexicana y el 60% en todo el territorio nacional.
Muy lejos de López Obrador se ubicaba en la segunda posición el oficialista Felipe Calderón, del derechista Partido de Acción Nacional, quien, adicionalmente, no contaba con el apoyo de la cúpula partidaria y menos del presidente Vicente Fox, puesto que habría preferido que el candidato del PAN hubiese sido su ex secretario de Gobernación Santiago Creel.
Conforme las semanas y los meses transcurrieron, el candidato del PRD se dejó arrastrar por desmedido optimismo y exagerada autoestima política, dando por hecho que sería el próximo presidente, casi por inercia; pero el entusiasta candidato del PAN fue superando obstáculos a lo interno de su partido, a la vez que crecía su rango de popularidad entre los mexicanos, en tanto descendía la del alcalde del Distrito Federal. Paralelamente, el equipo de campaña de Calderón contrató a estrategas extranjeros expertos en publicidad electoral, cuya misión principal consistía en desorbitar las debilidades de López Obrador, sin descuidar la imagen del abanderado del PAN.
Gradualmente fue penetrando entre los votantes la campaña negra de los publicistas de Calderón, al calificar al Jefe del Distrito Federal como un «peligro para México», por sus nunca probados vínculos con el presidente venezolano Hugo Chávez, quien había insultado a su homólogo mexicano, que seguía disfrutando de aceptación entre la mayoría de sus conciudadanos.
La pésima decisión que incidió en la victoria del ahora presidente Felipe Calderón fue la obstinada negativa de López Obrador de participar en un crucial primer debate entre todos los candidatos presidenciales. Su popularidad fue menguando, mientras aumentaba la simpatía popular por Calderón, quien logró una cuestionada y raquítica victoria electoral, salpicada de señalamientos de fraude.
Como sea, el ex alcalde del DF, por esquivar debates y eludir enfrentar las críticas en contra suya, basándose en su anterior alto margen de popularidad, fue vencido por un empecinado, infatigable y pragmático Felipe Calderón.
En lo que se refiere a Guatemala, el candidato presidencial ílvaro Colom inició la presente campaña electoral con elevados índices de simpatía popular, al extremo de que la mayoría de los guatemaltecos, por lo menos los más permeables a aspectos políticos, con mucha anticipación le concedían el triunfo al postulado por la Unidad Nacional de la Esperanza, derivado de los resultados de encuestas mediáticas.
Colom alimentó esta sensación de triunfalismo anticipado, no enfrentó las embestidas retóricas de sus adversarios, incluso procedió con autosuficiencia ante los ataques del diputado Rolando Morales, su ex confidente, y así como no se comprometió en defender causas populares, desestimó las ofertas de pequeños, pero numerosos, experimentados y representativos sectores progresistas, y delegó en colaboradores, diputados y otros dirigentes de la UNE la postura que debería asumir personalmente en torno a importantes asuntos que merecían haber sido ser expuestos por el propio presidenciable.
Lo más notorio en esta área de la comunicación fue haber comisionado al candidato vicepresidencial a exponer la posición oficial de la UNE y de Colom en varios temas, sin tomar en consideración la falta de colmillo político de un cirujano cardiovascular desconocedor de zancadillas y escupitajos a que está expuesta la casta política guatemalteca.
Por su parte, el candidato presidencial Otto Pérez Molina fue creciendo paulatina y persistentemente, aprovechando la desesperación de los guatemaltecos, especialmente de las clases media y popular, ante la incontrolable ola de violencia criminal. Así las cosas, no sería extraño que el abanderado del Partido Patriota salga victorioso en la primera y la segunda ronda electoral. Otro Felipe Calderón.
(El dirigente político Romualdo Colono colocó este letrero en uno de los ambientes de su cantina en El Gallito: Sección de no asaltar).