La casta política aprovechándose que la mayoría de la población somos pasivos y hasta cierto punto indolentes, ha venido pisoteando nuestra dignidad, es decir, tratándonos con desprecio, sin ser atendidas justamente nuestras peticiones y desatendiendo nuestros planteamientos. No se si por traerlo en la sangre, porque mis maestros me lo inculcaron o por el conocimiento de hechos históricos, es que estoy convencido que el ser humano no debe agachar la cabeza en señal de sumisión o conformidad. No, no estoy haciendo un llamado a la rebelión o a la violencia, simplemente apelo a la conciencia ciudadana para buscar la forma de demostrarle a esa casta política entronizada en cargos públicos, que no somos tontos y que ya es hora que se respete nuestra dignidad.
De ahí, que vuelvo a preguntar a los electores ¿qué van a hacer cuando tengan en sus manos la papeleta verde para elegir diputados del listado nacional o la celeste para hacerlo por los de su distrito electoral?, ¿sumisamente van a marcarla sobre un símbolo partidario, aún sin saber quiénes son los candidatos?, ¿con ello van a consentir que sigan siendo 158 los dizque representantes, aun sabiendo que 60 son más que suficientes?, ¿dará su conformidad a la reelección de tantos diputados que lejos de cumplir con sus obligaciones han violado la ley y elementales normas de ética y buena conducta, como la de aquellos faltistas, viajeros y peor aún, los que amparados con el privilegio de la inmunidad califican de «persecución política» sus tropelías?
A lo largo de estos últimos cuatro años nadie me ha dicho estar contento, ni he notado algún interés de por medio para que el desastre del Organismo Legislativo siga ocurriendo, así es que si usted se cuenta entre los que nos repugna tan sólo hablar de un organismo que lleva varios decenios de ser una completa calamidad, ¿tranquilamente va a permitir pasiva y contemplativamente que su dignidad de elector siga siendo mancillada? Antes le conté que el 9 de septiembre voy a anular ambos votos y quisiera que cientos, miles y hasta millones pudieran contarse entre los que quisimos demostrar de esta manera nuestro absoluto rechazo a que nos sigan viendo cara de lo que no somos. Me dicen que hay gente, ¡mucha gente! que está dispuesta a defender su dignidad ciudadana y que si todavía les cabe alguna duda, van a necesitar la valentía de convocar a una consulta popular en la que podamos demostrar democráticamente que la mayoría estamos hartos y cansados de que lo justo y equitativo siga siendo lirismo en nuestro país. Estimado lector, por favor, piense y razone su voto antes de emitirlo, analice mi propuesta y verá que es una forma válida de hacer algo por recuperar nuestra dignidad. Está en su derecho anular su voto para elegir diputados.