Las orejas del burro


Espero que la televisión internacional no me saque a mí­ emitiendo mi voto, para ilustrar la nota de unas elecciones conflictivas en Guatemala.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Creo que de vez en cuando es bueno dejar remojando el hí­gado e intentar de ver la situación con humor. Eso me pasó cuando, la semana pasada, veí­a el noticiero de un canal español, que informaban sobre el proceso de las elecciones en Guatemala. En primer lugar, me pareció que el reportaje televisivo era muy inexacto, pues confundí­a nombres, partidos, en una gran maraña de información.

Yo, como guatemalteco, me di cuenta de que habí­a muchos defectos; pero, más que eso, me dio cierta risa pensar que las elecciones en Guatemala se estaban viendo casi como si fueran las del Congo, Sierra Leona, Haití­, o de uno de esos lugares donde la democracia es muy débil.

Y no es mentira. Viéndolo desapasionadamente, las elecciones en Guatemala han estado marcadas por la violencia, la corrupción, la falta de transparencia y las pocas propuestas de los polí­ticos. Y para terminar de rematar, un montón de candidatos a la presidencia, cuando, en otros paí­ses, si mucho llegarán a cinco contendientes.

El reportaje expuesto en la televisión española, mostraba a Rigoberta Menchú (quien, por mucho, despierta la mayor parte de las simpatí­as para ganar la Presidencia alrededor del mundo, en parte por su proyección internacional) encendiendo una veladora para exigir el cese de la violencia polí­tica.

A continuación, el reportaje mostraba al ex comandante César Montes, quien dos dí­as atrás para la fecha del reportaje, habí­a sufrido un atentado, que se presume polí­tico; erróneamente, los españoles consignaban a este personaje como Héctor Rosales, el candidato presidencial del DIA.

La noticia parecí­a aumentarse con ese error: «Candidato a presidencia guatemalteca sufre atentado». Sin embargo, para los ojos españoles y de cualquier extranjero, da igual que fuera presidenciable o cualquier polí­tico: la violencia polí­tica es siempre imperdonablemente asombrosa.

Para cerrar con broche de oro, el reportaje español mostraba a Efraí­n Rí­os Montt, como el candidato principal de un partido para optar al Congreso. La televisora se lamentaba que un general acusado de genocidio pudiera acceder a ser diputado, y, aún peor, a estar hablando de ejecuciones extrajudiciales. «Es el burro hablando de orejas», pensarí­a cualquier español o extranjero. Es como cuando se leen noticias como que Fujimori era candidato al Senado japonés. Así­ de mal nos vemos.

En conclusión, en ese reportaje español vi a las orejas del burro; mientras que acá nos empeñamos en decir que éste es un proceso democrático. Somos el burro hablando de orejas. (http://diarioparanoico.blogspot.com/)