Sigue el pleito


Como si todo fuera color de rosa se renovó el pleito entre el Presidente y el Alcalde. El tiempo de acceso a la ciudad de los vehí­culos pesados se ha vuelto una edición más del espectáculo en donde los que se supone debieran dar muestras de cordura, tacto y de buen gobierno desperdician valioso tiempo en exhibir un pueril pleito personal, con el que la población lleva cuatro años de salir perdiendo. ¿Es que tanto cuesta sentarse a la mesa de discusiones con ’terroristas’ cuando ambos han gobernado con ellos?

Francisco Cáceres Barrios

Su Muni la emprendió contra el transporte pesado diciéndoles cuanta groserí­a ha querido, les rechazó cualquier gestión, cosa dispar con la contemporización que ha mantenido con los del transporte urbano y extraurbano, los escolares, los taxistas y cuantos más siguen entrampando el libre flujo de vehí­culos en nuestras calles y avenidas. Por ello no les quedó más remedio que recurrir a las ’medidas de hecho’ hasta lograr el éxito parcial que provocó el haber enarbolado la ’camisa negra’ en señal de protesta por el atropello a su autonomí­a. Así­ fue como las diferencias entre Arzú y Berger hayan pasado a la categorí­a de pleito judicial, olvidando que el pueblo lo que menos quiere es más del estéril circo, sino prontas y eficaces soluciones para movilizarnos en una ciudad cada vez más abarrotada de vehí­culos, de contaminación y de obstáculos para circular libre y rápidamente.

Al fin de cuentas ¿qué importa lo que digan las leyes de jerarquí­a inferior a la Constitución si no se respeta la obligación fundamental que tienen los municipios y toda entidad descentralizada o autónoma de coordinar su polí­tica con la general del Estado y, en su caso, con la especial del ramo a que correspondan? En vez de PLEITOS, los gobernados quisiéramos ver ACCIONES para realizar el anillo metropolitano; sincronizar todos los semáforos de la ciudad capital; hacer estacionamientos en sitios estratégicos para que no sólo resuelva esta carencia, sino genere beneficios económicos a la entidad que los maneje; poner en cintura al transporte colectivo de pasajeros para que no siga siendo el ¡peor del mundo!; desarrollar coordinada y masivamente una campaña educativa y formativa para los conductores y peatones para prevenir accidentes; que los agentes policí­acos no se concreten solo a poner cepos, sino a velar porque todos cumplamos con la ley y el reglamento de tránsito.

Cada vez se hace más notorio que nuestros funcionarios públicos siguen si entender que lo que se persigue con el ejercicio democrático de llevarlos a ocupar cargos públicos, es para servir a la comunidad y no a servirse de ella o para dilucidar problemas personales. ¿De qué nos sirve tanto pleito si nos tardamos una hora para atravesar la ciudad?