Hace ya 50 años que entró a gobernar la Liberación y con ello se inició no solamente la persecución de líderes políticos arbencistas sino la obligada emigración de muchos de ellos lo cual se perpetuó durante los siguientes varios años. Entre los compatriotas que tuvieron que vivir en el exilio, se encontraban varios colegas médicos. A algunos de ellos, ya anteriormente los habíamos oído desbarrar en contra de los Estados Unidos, y así utilizaban términos como «país imperialista de mierda». Era una expresión, que oída de boca de profesionales, implicaba con énfasis el que al país a donde menos acudirían a refugiarse sería los Estados Unidos.
Sin embargo, como no hay peor cosa que el alardear, pues los castigó la lengua, y fueron así varios los colegas que emigraron a «ese país, imperialista de mierda» que les abrió sus puertas, les ofreció trabajo y a sus hijos les ofreció la universidad que les otorgó los diplomas que ahora exhiben con desfachatez como credenciales. Hubo, sin embargo, honrosas excepciones y dentro de los médicos la del doctor Jorge Rosal Meléndez justo varón, quién fiel a sus principios tuvo los atributos durante su vida para dar cumplimiento a su manera de pensar.
Conocí a Jorge en la Escuela de Medicina en donde le vi descollar como líder en la política estudiantil y como un buen estudiante, y desde entonces admiré su rectitud, su inteligencia y su valentía. Yo me atrevería a afirmar que Jorge nunca se refirió a los Estados Unidos, como a ese «país imperialista de mierda»
Con Jorge no compartíamos las mismas ideas políticas pero era muy satisfactorio alternar con él. Es que se sostenía un diálogo de altura. Así lo hicimos y lo recuerdo vívidamente cuando en 1953, nos visitó en Nueva York y platicamos durante largas horas sobre nuestras divergencias ideológicas.
La última vez que platiqué con Jorge, alto miembro de la URNG, fue en nuestro hospital, el Herrera Llerandi poco antes de su muerte, en donde recibía quimioterapia para el cáncer que se lo llevó. Fue entonces que aproveché la oportunidad para decirle algo que solamente lo había expresado indirectamente a través de Chepe Barnoya. Fue entonces que le dije cuanto admiraba sus cualidades, especialmente la autenticidad y valentía con que había cumplido sus principios, y esa inquebrantable congruencia entre su modo de pensar y su actuar en la vida.
El Dr. Jorge Rosal Meléndez murió el 20 de septiembre/06. La Revista Médica nos trae una breve reseña de sus ejecutorias escrita por el Dr. José Rómulo Sánchez L. por la cual se confirma una unidad de vida en donde descolla la congruencia entre el pensar, el decir y el actuar. La carencia de esa característica resalta en estos tiempos en que proliferan los políticos veletas ejemplificados por esos diputados que según sus particulares conveniencias se mudan de bancada o de partido.
Cuando estudiante en el Instituto Nacional de Varones me impactó muy desfavorablemente el militarismo con esos sus irracionales procederes; «las órdenes se cumplen y no se discuten» era el mandato que se nos dictaba.
El rechazo que siempre hizo Jorge a ese pretendido principio lo enaltece y a mí me motivó para escribir esta tardía nota.