La revolución giammatteiana


Hace algunos dí­as da vueltas en mi cabeza la frase con la que se promociona el flamante candidato a la Presidencia de la Gana: ’Los buenos somos más’. Pensaba en lo arrogante de la expresión al sentirse ellos (me imagino que todos los del partido) mansas y humildes palomas. El planteo es maniqueo porque establece las cosas en la lógica de los extremos: el mundo está conformado por dos grupos «los buenos» y «los malos». Obviamente ellos son los buenos.

Eduardo Blandón

Uno podrí­a preguntarle a don Alejandro a qué clase de bondad moral se refiere, buenos para qué, ¿para abusar en las cárceles?, ¿buenos para apropiarse de lo ajeno?, ¿para abusar? La Gana se ha caracterizado, es cierto, en ser «buenos», pero dudo mucho que se trate de ese tipo de cualidad moral deseable para todos los ciudadanos del mundo. Los de ese partido en general han sido buenos, pero para nada. Su inocuidad durante estos cuatro años ha sido proverbial y cuando han decidido finalmente hacer algo ha sido en beneficio de la clase pudiente de este paí­s, sus cuates.

Si esa expresión correspondiera a la realidad («los buenos somos más») habrí­a que redefinir el término «bueno» y comenzar a revisarse en las universidades lo que hasta ahora se enseña sobre la teorí­a de «lo bueno». Entonces Giammattei estarí­a poniendo en crisis (involuntariamente si se quiere) uno de los trascendentes de la filosofí­a clásica, el famoso «bonum». Los teólogos mismos tendrí­an que explicar, ahora desde la óptica giammatteiana el significado de la expresión evangélica «Maestro bueno».

Imagí­nese usted en qué rollos nos viene a meter el doctor Giammattei. Si Jesús es el «Maestro bueno», como lo llama el joven rico del Evangelio, significarí­a ni más ni menos que hoy el hijo del carpintero serí­a miembro de la Gana porque en ese grupo están «los buenos». Luego, no serí­a parte ni del partido Patriota ni de la UNE ?que son los malos según la visión del candidato. Cabrí­a preguntarse también qué clase de tipejo serí­a Jesús (el «Maestro bueno») si se parece, tiene casi consanguinidad y un fenotí­pico idéntico, a los de los miembros de la Gana. Jesús dejarí­a de ser, si somos consecuentes, el tipo simpático y el lí­der carismático para ser un vulgar politicastro como son «los buenos» de hoy.

Digamos más. Si los miembros del partido de la Gran Alianza Nacional son buenos (como ellos dicen: «Los buenos somos más») ¿cómo se puede definir «lo malo»? También la maldad quedarí­a en entredicho y habrí­a que reconceptualizarla. Si los de la Gana son «buenos», entonces quiere decir que lo que hoy definimos como «malo» es poesí­a, un «bel canto». Ya podrí­amos decir con esta nueva propuesta giammatteiana que ni Hitler, Somoza, Reagan ni Bush han sido ni son tan «malos» como algunos quizá presumen. Asimismo, en el otro extremo, siguiendo la lógica, San Francisco de Así­s no serí­a «bueno», sino casi un maní­aco campesino, silvestre, que decí­a hablar con los animales y conversar con Dios.

Si la bondad se materializa en un miembro de la Gana porque ellos son «los buenos» significa que el mundo está frito. Ahora sí­, terminemos aquí­ y santigí¼émonos, estamos bien jodidos.