Ilustre fachudo en el Palacio Nacional


Q- Durante más de siete lustros me vi obligado a usar traje con su respectiva corbata. Eran otros tiempos, por supuesto, cuando los reporteros de los diarios impresos y electrónicos, si querí­amos ser aceptados y atendidos por funcionarios remilgosos, sobre todo tratándose del Presidente y Vicepresidente de la República y el ministro de Relaciones Exteriores, para ingresar a sus despachos necesariamente tení­amos que portar el consabido tacuche, aunque ya estuviera lustroso de tanta planchada, con la inútil prenda de trapo colgando de la camisa.

Eduardo Villatoro

Desde hace unos 15 años, cuando renuncié al puesto de jefe de información y prensa del Ministerio Público, también me liberé de ese suplicio, especialmente en los solariegos y calurosos dí­as, de suerte que sólo en casos especiales, como en bodas y sepelios, me enfundo un apretado traje con olor a ropero y naftalina, ahí­ voy resollando con mi pescuezo apretado por la pueril corbata.

Después de esta cientí­fica y erudita ilustración, casi renacentista, y para curarme en salud, en el sentido de que actualmente me visto holgadamente, pero con el pudor propio de mis apolillados años, me causó cierta ansiedad mirar en los periódicos la fotografí­a del presidente Berger acompañado del actor Mel Gibson, porque éste ni siquiera tuvo el cuidado de meterse las faldas de la camisa entre su pantalón de lona. Como si estuviera de visita en una granja californiana.

Muchos nos hemos acostumbrado a ver presentadores de televisión sin corbata, porque no es el vestido el que hace a la mona; pero no al extremo de que venga un fachudo actor joligudense a hacer de menos al Primer Empresario de la Nación, que aunque no sea de nuestra simpatí­a, no significa que merezca el respeto de los guatemaltecos y de los extranjeros.

Sin embargo, el culpable es el mismo señor Berger, porque prestamente sirvió de azareado cicerone al actor australiano, como si fuese un jefe de Estado en visita oficial.

Q- Para proseguir con el mandatario guatemalteco, nuevamente me refiero a otra de sus veleidosas declaraciones, como cuando afirmó recientemente ?y yo lo consigné en este espacio el pasado lunes? que en Guatemala no hay inflación y que no han variado los precios de los productos de la canasta básica, aunque los datos del Instituto Nacional de Estadí­stica señalen lo contrario.

La semana anterior, el presidente Berger aseveró que la actual campaña de proselitismo electoral se desarrolla normalmente, restándole importancia a las decenas de personas afiliadas a partidos polí­ticos o candidatos a diputados, alcaldes y concejales que han perdido la vida violentamente.

Para el gobernante no resulta extraordinario que individuos no identificados ataquen con armas de grueso calibre a compatriotas que se han atrevido a incursionar en polí­tica, y ni siquiera le sobresalta que dos hijos de un candidato a alcalde hayan sido asesinados y un tercero haya quedado postrado en una silla de ruedas.

¡Ah! que don Oscarí­n éste, que sólo espera que maten a cien polí­ticos de a romplón para que, como dicen los patojos, se ponga las pilas!

Q- Los que deben estar alertas son los guatemaltecos pasados de peso, por aquello de que algún chispudo y gamonal alcalde quiera seguir el ejemplo de un colega suyo de la pequeña localidad italiana de Varallo Sesia, quien ha puesto en marcha un programa contra la obesidad, pagando diversas cantidades de dinero según el grado de enflaquecimiento. Así­ dice un despacho de la agencia EFE.

Sólo en una cuadra de la colonia donde vivo, hay varios candidatos que estarí­an dispuestos a adelgazar, porque la timba que se tienen se confunde con sus rodillas. Pero dudo mucho que el alcalde Amí­lcar Rivera esté dispuesto a dilapidar la poca plata de la comuna mixqueña, como para auspiciar un concurso de enjutamiento voluntario. A menos que el certamen sea patrocinado por una chicharronera.