Notas finales sobre Franz Schubert (I)


Después de haber escrito en esta columna de viernes un breve análisis sobre su obra musical, se hace necesario pergeñar algunas breves notas aproximativas sobre los detalles de la existencia de Franz Schubert. Este autor compuso tan magní­ficos ejemplos de creatividad musical que, sin duda alguna, se han convertido en obras inmortales, dignos marcos sonoros para Casiopea, tierna esposa dorada que resurge en cada motivo de mi vida impasible y maravillosa, porque mi amor le abrazó las pupilas y las sienes, como abraza la tierra de Rivendel de donde broto poeta y músico.

Celso Lara

Como ya habí­amos señalado en columnas anteriores El Señor de los Ensueños, Franz Schubert, nació el 31 de enero de 1797 en Viena, Austria. Su padre era profesor en Licetenthal, arrabal de Viena y no viví­a holgadamente con sus 19 hijos nacidos de sus dos matrimonios. Poco antes de morir, el padre hablando de su hijo Franz, anotó en la «crónica familiar»:

«Desde la edad más tierna le gustaba estar acompañado y no era nunca tan feliz como cuando podí­a pasar sus horas de libertad con alegres camaradas. Al cumplir los ocho años le enseñé los elementos del violí­n. Hizo tales progresos, que pudo tocar en seguida algunos dúos fáciles de manera bastante satisfactoria: más tarde le envié a las lecciones de canto del señor Michael Holzer. Este, con lágrimas en los ojos me aseguró varias veces que jamás habí­a tenido un alumno parecido. Me dijo: Cada vez que querí­a enseñarle algo nuevo lo conocí­a ya».

El niño tení­a una voz tan bella que fue admitido como cantor en la Capilla de la Corte de Viena. Este medio fue extraordinariamente favorable para el desarrollo de su talento: recibió clase de armoní­a con Antonio Salieri, maestro de Capilla de la Corte. Pero se sentí­a desgraciado en la prisión del internado aunque tuviera excelentes amigos: Antón Holzapfel y Josef von Spaun nueve años mayor que Franz y el primero que admiró sus composiciones.

Salvo la música, ninguna otra asignatura llegaba a interesarle. Cuando cambió de voz, volvió a su casa, aunque hubiera podido quedarse en el internado.

Durante años, Antonio Salieri le dio lecciones gratuitas. Con el fin de estar exento del servicio militar, Schubert consintió en hacer los estudios de profesor adjunto. El 19 de octubre de 1814 compuso su primera canción magistral: Margarita en la rueca, poco tiempo después encontró al poeta Johann Mayerhí¶fer y llegó a ser profesor adjunto en la escuela de su padre. En el año de 1815 fue el más fecundo de su vida: cuatro óperas, ciento cuarenta y cuatro lieders, entre otros. El Rey de los Alisos y Rosita de la pradera, dos sinfoní­as, dos misas, un cuarteto para cuerda, dos sonatas para piano y música religiosa. En 1816, Schubert solicitó empleo de profesor de música de la Escuela Normal de Laibach, pues querí­a casarse con su amiga de la infancia Therese Grob. Su amigo Anselmo Hí¼nttenbrenner cuenta al respecto:

«En 1821, durante un paseo con Schubert le pregunté si no habí­a estado nunca enamorado. ¡Oh no! ? me dijo, -he amado mucho a una muchacha y ella me correspondí­a. Durante tres años esperó casarse conmigo, pero no llegué a encontrar una colocación».