La seguridad ciudadana desde lo local


En San Rafael de Heredia, Costa Rica, los dí­as 9 y 10 del mes en curso, se analizó sobre las viabilidades y limitaciones de una Polí­tica Municipal de Seguridad Ciudadana, Ciudadaní­a y Pertenencia. El tema por demás actual es la expresión de un eslabón importante en la búsqueda del cese de la impunidad de nuestros paí­ses. De hecho en las deliberaciones han estado participando autoridades locales y del gobierno central de los paí­ses del istmo centroamericano y República Dominicana, así­ como centros de investigación y representantes de las asociaciones nacionales de municipios o municipalidades.

Walter del Cid

Una importante aseveración expresada en las conferencias se refiere a que cuando la población, ante la incapacidad del Estado por proveer condiciones de garantí­a, en cuanto a la seguridad (ciudadana) habitacional y de circulación por ví­as y plazas, opta por hacerse de la contratación de «seguridad privada», está renunciando a su capacidad y derecho del ejercicio de ciudadaní­a. Y este es el punto de partida mediante el cual las sociedades pierden un importante aspecto: su cohesión. La cohesión social que al desaparecer provoca la indiferencia y la apatí­a frente a la problemática cotidiana y quizás lo peor, a acostumbrarse y consentir los padecimientos propios de una administración pública incompetente.

Lo expresado en las últimas lí­neas del párrafo anterior es quizás la explicación por medio de la cual habremos de entender el porqué de cómo un candidato a la alcaldí­a, sin nada más que ofrecer que una supuesta vocación de servicio, que se disfraza por el clientelismo de las necesidades de la población, estará próximo a ser reelecto en su tercer perí­odo al frente de la gestión municipal. Así­ es el sistema, perverso y corrupto, nuestro sistema. Vaya ganga.

Volviendo a la seguridad ciudadana es un conjunto de elementos propios de la percepción colectiva en cuanto a la sensación de ausencia de peligros y de condiciones de bienestar y sobre todo de tranquilidad. Atrás han quedado aquellos tiempos en los que salir a la calle era sinónimo de recreación. Los juegos de la patojada eran la expresión generalizada del uso de los espacios públicos mediante los cuales se compartí­a y sobre todo se conviví­a. Hoy lo más común es la visualización de negocios «encerrados» en los que tanto el comprador como el vendedor se sienten acechados por amenazas de diversa í­ndole ante las cuales el Estado guatemalteco ha demostrado su total incapacidad.

Un elemento adicional de reflexión se refiere a si tales problemas deben ser encarados desde la gestión local. ¿Es o no competencia de la administración municipal? Aunque digamos que no, el hecho es que la población demanda de sus autoridades locales la posibilidad de emprender acciones con algún grado de capacidad. No importa si el tema es o no de descentralización. La demanda que se recibe desde lo local es permanente. Está en aumento constante. Por lo tanto, con o sin descentralización la seguridad ciudadana, desde lo local es una responsabilidad que se debe encarar.

La siguiente pregunta se refiere a cuál debe ser el tipo de intervención de la gestión municipal en el tema de la seguridad ciudadana. La respuesta compartida en el evento en cuestión se refiere a la implementación de mecanismos de prevención. Si el Estado en su dimensión municipal opta por la represión del delito simple y sencillamente está desnaturalizando su razón de ser y de hecho generando un conflicto de competencias que terminará por corroer la estructura municipal.

Ahora bien, la prevención se debe sustentar en la comunicación y ésta a su vez en la acción real y efectiva en la recuperación de los espacios públicos. Es poco, pero es el punto de partida que provoca tanto el sentimiento de pertenencia a ese lugar (con sus calles, sus frontispicios, sus aceras y sus espacios abiertos y sus aldeas) que se habrá de traducir en la convicción de sentirse parte del lugar. Esa es la esencia de lo local. Y ese es el arraigo que posibilita la realización personal en el contexto colectivo, en lo comunal, en lo vecinal, en el municipio y su interacción para proponer cambios de beneficio social.

Lo descrito se ve tan obvio, tan sencillo. La realidad es más compleja aún. Pero desde lo local, la transformación de las relaciones colectivas reviste de muchas posibilidades que deben ser exploradas con autenticidad y sobre todo con capacidad, sin demagogia, sin falsas presencias o condicionamientos manipulados por sombrí­as estructuras partidarias al servicio del culto de la personalidad.