Ocurrió hace un año cuando Cristian nuestro bisnieto tenía dos y aprendía a hablar. Durante este año he pensado mucho sobre esa vivencia, pero, es hasta hoy que escribo algo sobre ella. Cristian estaba en la banqueta de su casa encuclillado mirando con especial atención el caminar de unas hormiguillas de esas pequeñísimas que se meten dentro del azúcar y que son las más pequeñas entre las hormigas. Me imagino que pensaba sobre aquel orden para seguir la fila, como ponían en contacto sus antenas y se comunicaban, en la manera de llevar a cuestas el granito de azúcar hacia su cueva.
Es que algo misterioso hay ahí. Es que ahí hay una sabiduría. Es la sabiduría de esa hormiguilla que sabe movilizar acompasadamente sus seis invisibles patitas para, sin perder el ritmo, caminar, y de repente, emprender una velocísima carrera que impresionaba al bisnieto, un niño quien no lograba comprender ese conjunto de saberes que conforman la sabiduría hormiga, y que son la manera de ser hormiguilla y que, a él, le provocaba asombro.
Ahí estaba yo, también encuclillado, y también contemplando a mi bisnieto Cristian quien, encuclillado contemplaba, absorto aquella maravilla.
El niño que sin darse cuenta, medita y se asombra ante aquellos saberes, o mejor dicho, ante la expresión de esos distintos saberes que unificados se expresan de manera muy rítmica y que son su manera de caminar. La incomprensible manera de ser hormiga que provoca el inocente asombro ante la sabiduría del ordenadísimo Orden Natural.
¿Qué será lo que de esa hormiguilla le impresiona? Estoy seguro que si yo se lo preguntara, ese niño no sabría contestarme. Y ¿Si acaso se lo preguntara a un universitario estudiante de Biología o de Psicología o de Medicina? ¿Que significado tiene el que un niño de dos años, sea capaz de asombrarse? Capacidad de asombrarse ante la maravilla del Orden Natural. Es entonces que me pregunto cuál sería la respuesta de ese universitario si se le preguntara: ¿Qué es el Orden Natural?
Esa podría ser para un estudiante de medicina, una pregunta en el examen final de Biología ¿será que la capacidad de asombrarse es algo innato, algo inherente a la calidad del Homo Sapiens Amans? ¿Y será que precisa que se le cultive a fin de que el estudiante, especialmente el de medicina, aprenda a maravillarse y asombrarse ante lo que es el hombre? Ese niño que ya antes había visto muchos otros insectos, y otros muchos animalitos, y otros muchos pájaros y perros y gatos, ¿por qué le impresionaron las diminutísimas hormiguillas? Lo que a él, Pensador de Rodin, le impresiona, es ese presuroso caminar tan acompasado y tan rítmico
El biólogo que esculca las interioridades de la anatomía de la hormiga, de su cerebro, y de cada una de sus células, llega a averiguar la conformación del genoma hormiguilla, descubre así la ubicación de los genes, la composición de sus moléculas, y la forma en que entre sí reaccionan en una perfectísima secuencia que a ese biólogo impresionan. Mientras tanto el niño-Rodin, es un pensador que mentalmente esculca la manera de expresarse de la hormiguilla y él también se impresiona.
Niño pensador que no sabe de átomos, ni ADN ni de ARN, ni de genes ni genomas, niño que desconoce la ubicación de los órganos de ese diminuto ser. Niño pensador que apenas logra visualizar las patas, pero que, absorto, está enfrascado en una profunda meditación ante las maravillas de ese sabio caminar.
¿Qué es lo que más impresiona y asombra a ese niño pensador?… ¿Será la microscópica anatomía de la hormiguilla o será el perfectísimo orden de su expresión?
¿Cuál sería el nombre más apropiado para ese principio que anima la materia y la hace vivir? ¿ínima?