Este viernes proseguimos con la síntesis de la vida y obra de Franz Schubert, el segundo gran compositor que junto al ilustre Ludwig van Beethoven ha sido considerado por los estudiosos de la música occidental, como los dos maestros de la transición entre el clasicismo y el romanticismo. Sirva esta columna de marco para Casiopea, esposa dorada de quien aprendí el lenguaje del agua y la flor, del ensueño enternecido, del aroma indivisible, del viento constelado y toda la ternura del alba.
Franz Schubert ganó algún prestigio y fue invitado a formar parte de la Sociedad Musical de Granz y más tarde de las Sociedades de Linz y de Viena. Como prueba de gratitud por esta distinción, envió los dos primeros movimientos de su Sinfonía número 7 llamada posteriormente «inconclusa» con la promesa de remitir los dos restantes cuando la terminara. No le fue posible concluir esta obra y quedó incompleta, por ello se le conoce como inacabada. Esta sinfonía es con toda seguridad la obra orquestal más importante y de mayor calidad que compuso. En realidad es una obra maestra que coloca a Schubert al lado de los más grandes sinfonistas de todos los tiempos.
Cualquier compositor, incluyendo a Beethoven, se hubiera sentido honrado de haber sido su autor. Es una de las más grandes obras musicales del repertorio sinfónico. Sin embargo, Schubert nunca la oyó ejecutada por una orquesta. A pesar de todos los intentos de completar los restantes movimientos, esta sinfonía es perfecta tal como está. Obras maestras de esta magnitud no deben ser tocadas por nadie, pues no hay quien pueda estar a la altura de la concepción del propio autor. En el siglo XX se quiso completar esta obra. Sin embargo, ningún compositor se ha atrevido a tocarla. La obra esta completa tal y como Schubert la escribió.
En 1824 Franz enfermó gravemente y el conde Esterhazy le ofreció uno de sus castillos para que pasara una temporada y se restableciera. Regresó a Viena mejorado, pero no sano del todo.
En 1828 el mismo año de su muerte, pudo organizarse al fin el único concierto en que participó en su vida. Como ya se ha dicho, se presentó a tocar con ropas prestadas. El concierto fue un gran éxito y por primera vez la ciudad de Viena pudo saber que otro gran músico podría ser el sucesor de Beethoven que había muerto un año antes.
Franz Schubert no pudo sobrevivir a ese éxito ni disfrutar de sus resultados. Sin embargo, entre el gran número de música que escribió Schubert, a pesar de su corta vida, pues murió a los treinta y un años, sobresalen sus sinfonías, sus óperas y en particular sus 600 canciones íntimas.
Después del estreno de su único concierto, Franz volvió a caer enfermo y murió en noviembre de ese mismo año el día 19. Poco antes de morir pidió a sus amigos que su cuerpo descansara al lado de la tumba de Beethoven. Este deseo no pudo ser cumplido y no descansa como quiso, junto a quien fue su más grande ídolo, inspirador y maestro a pesar de que nunca se trataron, no tuvieron amistad ni relación, todo debido a la invencible timidez de Schubert, que no se atrevió a acercarse a quien era para él, no sin razón, el genio más grande de la música.