Una nota de Luisa Fernanda Rodrí­guez


Conocí­ a la periodista Luisa Fernanda Rodrí­guez, de Prensa Libre, desde el otro lado de la barrera, es decir, no en mi calidad de periodista sino cuando participé polí­ticamente y ella cubrió informaciones relacionadas con mi actividad. Es muy común que el polí­tico sienta que el periodista no refleja fielmente sus palabras, pero en el caso de esta reportera debo decir que nunca tuve esa sensación porque sus notas reflejaron una gran objetividad y profesionalismo. Luego he visto su trabajo ya desde la perspectiva del comunicador social y me sigue pareciendo una joven capaz y muy competente.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Anoche leí­a una entrevista que le hizo a ílvaro Colom y hay un par de cosas en las que debo terciar por razones obvias. Una es cuando el candidato se queja de que por qué se ha hecho tanto énfasis en el caso de los dos diputados de la UNE, y al respecto yo tengo que decir que durante semanas enteras critiqué con firmeza la actitud del FRG sobre la CICIG y habiendo sido quien con más dureza condenó el voto de los dos diputados de Colom, debo decir que ello fue resultado de que ningún otro partido parecí­a tan comprometido nacional e internacionalmente con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala como el suyo y por lo tanto ese voto era el más nefasto de todos.

Pero acaso lo más grave haya sido que el candidato de la UNE dijera que percibe en todo esto una maniobra en su contra del crimen organizado y que le extraña que hasta ahora se hable del caso del diputado César Fajardo. Hace ocho meses él y yo sabí­amos lo mismo y conocimos la misma justificación que dio el diputado a su comportamiento, pero el voto contra la lí­nea del partido y del candidato planteó un cambio radical en el tema. Al margen del asunto relacionado con mi hijo, el caso es que la reacción de Colom sobre el voto de su diputado en la Comisión de Relaciones Exteriores ha sido vacilante y sin guardar congruencia con sus compromisos públicos.

Rechazo tajantemente la más mí­nima insinuación de que mis crí­ticas sean parte de una campaña del crimen organizado contra el candidato. Por el contrario, vengo desde hace mucho tiempo señalando a los poderes ocultos. Ya en tiempos de Ramiro de León Carpio publiqué abundantes artí­culos sobre el poder paralelo que es el que nutre cabalmente a las fuerzas del mal profusamente extendidas por todo el paí­s. En esos dí­as, cuando yo denunciaba esas lacras, la mí­a era de las pocas voces que abordaban el tema y he mantenido la misma postura de siempre. Por supuesto que tiene que ser molesto escuchar una crí­tica directa a la tolerancia amplia para una actitud que liquidaba el tema de la CICIG. Y no es que yo crea que esa Comisión será la panacea ni que resolverá todos nuestros males porque no soy ingenuo, pero sí­ creo que puede ser un grano de arena y en esta inmensidad de la impunidad, todo esfuerzo y todo apoyo cuenta. Y ratifico mi criterio de que en la lucha contra el mal hace falta energí­a, determinación y absoluta claridad en el compromiso porque cualquier signo de vacilación es un espacio que aprovechan los otros para apuntalar sus posturas. Criticar la vacilación no puede ser campaña negra y reclamar a quien puede ser Presidente de la República que actúe con determinación para honrar su compromiso ante la comunidad nacional e internacional es necesario. Por lo demás, él sabe por qué pasaron ocho meses en los que, como dice Dina Fernández, tuve que morderme la lengua.