Al mediodía los hombres que guardaban los puentes de Caen esperaban nerviosamente el refuerzo de Lovat, quien había prometido llegar a las 12:15 cuando pasados dos minutos de la hora escucharon las gaitas y vieron a los comandos principiar a atravesar el puente, desde la otra orilla sin guarecerse en medio de balas y explosiones Lovat iba al frente junto al gaitero Millin con su boina verde y su rifle de caza mayor al hombro. Sus comandos caminaban derechos sin detenerse, no parpadeaban como en un desfile militar y el gaitero tocaba «Road to the Isles». Del lado británico y alemán dejaron de disparar para admirar aquella prueba de arrojo, era una verdadera locura, Lord Lovat se excusó por los dos minutos de retraso. Días más tarde Lovat fue herido gravemente pero sobrevivió y luego ingresó a la política al lado de Churchill. Acostumbraba llegar año con año con los veteranos de su regimiento y otros veteranos alemanes a brindar con champagne y queso Camembert en el Aniversario del Día D.
La playa Omaha del lado americano fue una verdadera carnicería, murieron casi dos mil quinientos hombres, la mayoría en las primeras oleadas del desembarco, la artillería que Rommel había emplazado no apuntaba al mar, apuntaba directamente a la playa. Entre estos hombres desembarcó el fotógrafo de Life Robert Cappa, quien captó la mejor fotografía de la guerra.
Entre los miles de muertos de la playa Omaha estaban los jóvenes reclutados en el pueblo de Bedford en las montañas de Virginia, por coincidencia les tocó integrar la Compañía A del 116 Regimiento de Infantería y eran conocidos como los muchachos de Bedford. La Compañía A fue destinada a la playa Omaha y de los treinta y cinco muchachos de Bedford, diecinueve murieron durante los primeros quince minutos de invasión y dos más a lo largo del día. Bedford, una pequeña ciudad entonces, con sólo tres mil quinientos habitantes, tuvo la pérdida per cápita más grande para cualquier ciudad americana en el Día D y cuando llegaron los telegramas anunciando la muerte de sus muchachos la población entera vistió de luto. Al final en Normandía murieron en acción 29,000 estadounidenses, 23,019 alemanes, 11,000 británicos, 5,000 canadienses y 12,200 franceses, los heridos y lastimados de por vida fueron cientos de miles.
La campiña francesa de Normandía todavía sigue inmutable, los setos vivos sobre muros de piedra, el castillo de La Roche Guyon cuartel general de Rommel y la vieja iglesia de Sante Mere Lí«glise. También el calvados y el buen queso bretón siguen siendo excelentes. Desaparecieron los restos de chatarra y la metralla visible que se mantuvo por años. Las cicatrices del Día D quedaron en las playas, lucen como heridas sangrantes de la humanidad, miles y miles de cruces blancas sobre pasto verde bien recortado, están ahí en los cementerios de uno y otro bando, siguen recordando aquel día que como predijo Rommel, El Zorro del Desierto, sería el Día Más Largo del Siglo.