Radio Escandinava, vocera de un pueblo cristiano, en su gran mayoría luteranos lectores de la Biblia, nos habló de Mr. Bush y de la parábola de los talentos. «Al que se le dio cinco, el Señor le pedirá diez y al que se le dio diez, se le pedirá veinte».
¿Cuánto se le dio a Mr. Bush? Y, a la hora de pedirle que rinda cuentas de todo lo que se le dio?? ¿qué podrá mostrar?» se preguntó hoy, de madrugada la Escandinava.
«Estamos conmovidos», afirmó el locutor, «por las incontables muertes de iraquíes cuyos cadáveres, para vergí¼enza de la humanidad, se apilan amontonados formando cerros de cráneos, manos y piernas cercenadas, por las muertes de jóvenes soldados gringos que ya llegaron a más de 3,600». «Nosotros los escandinavos nos hemos preguntado cómo responderá el presidente Bush cuando el Señor que le otorgó esos talentos, le pida cuentas», nos dijo el locutor.
Es por eso que, nosotros escandinavos, creemos que a d. George Bush, a quien se le dio en abundancia, a manos llenas, se le pedirá que devuelva mucho, mucho más».
«Â¿Qué responderá Mr. Bush cuando el Señor le pregunte?», nos dijo, con ese su curioso acento el locutor.
«Y Bush le mostró el esplendor de un bellísimo cementerio cerca de Arlington donde están enterrados en 3,600 bellas tumbas, 3600 jóvenes, soldados, nuestros prójimos muertos en Irak. Y luego le mostró al Señor un modernísimo hospital donde a los amputados de pies y manos les instalan prótesis, manos y piernas artificiales que funcionan casi a la perfección. Y es más, dijo Bush, a cada viuda y huérfano le daré un jugoso cheque».
«Será entonces que El Señor le preguntará: ¿Acaso crees tú George, que esto que hoy me muestras es lo que Yo esperaba? y el Señor, con aquel mismo ojo con el que miró al asesino Caín, dirigió inmediatamente la vista hacia Bagdad, hacia aquella ciudad misteriosa y milenaria de las alfombras mágicas y los duendes genios, y la vio convertida en un desierto de brasas y cenizas, algo que í‰l, en su inconmensurable imaginación jamás se había imaginado,» aseveró categóricamente el locutor.
Radio Escandinava, en medio de su muy peculiar manera de pensar, dirigió la palabra al Señor para preguntarle: «Y tú, Señor, qué esperabas que hiciera Mr. Bush con los talentos que le entregaste».
En ese momento hubo una pausa en la transmisión de la Radio. Fueron como unos diez segundos en que con la Lila mi mujer nos quedamos pensando y preguntándonos ¿qué debería haber ofrecido Mr. Bush en lugar de esos bellos cementerios y sofisticadas manos y pies artificiales?
La Escandinava reinició su transmisión, «nosotros, nórdicos escandinavos, creemos que Mr. Bush debería haberse embarcado en un multiextraordinario programa y esforzado y temerario accionar tendiente a la formación de la juventud en contra del uso de la droga. Un programa internacional al que se debería de dedicar los trillones y trillones de dólares que hoy se gasta en armamento y en promocionar la muerte. Probablemente entonces, el Señor habría quedado complacido y satisfecho», acotó el locutor.