Elementos para sentirnos preocupados


¿Cuántas veces ha escuchado usted a nuestros candidatos presidenciales hablar del desigual desarrollo humano en Guatemala como un factor de preocupación? Todos sabemos que en desarrollo humano ocupamos un lugar poco honroso en el mundo, no obstante que ese indicador es en realidad un promedio que, trasladado a nuestra realidad donde existe profunda inequidad, se manifiesta de forma terrible para los grupos menos protegidos, menos favorecidos y menos estimulados. Es obvio que Guatemala tiene una profunda brecha social que hace que la diferencia entre los más ricos y los más pobres sea en verdad abismal y ese tema no es abordado por los aspirantes a dirigir los destinos del paí­s, posiblemente porque si lo hacen algunos dirán que están adoptando posturas populistas, nueva calificación que se da a quien quiere abordar el tema de la justicia social.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Pero la prestigiosa revista Foreign Policy, en su último número que cubre los meses de julio y agosto, coloca a Guatemala en la posición 60 al listar Estados fallidos. Cierto es que esa posición significa que estamos en riesgo de convertirnos en Estado fallido, pero si vemos que en los temas que peor andamos no se hace nada por mejorar, es necesario que pongamos nuestra barba en remojo. Nuestros peores indicadores están en desigualdad, en aparatos clandestinos y en la deslegitimación de las instituciones del Estado, temas que no le preocupan a nadie y en los que lejos de avanzar vamos como el cangrejo. Si no que lo digan los diputados con el tema de la CICIG que podrí­a ayudar cuando menos en el combate de aparatos clandestinos que compiten con el Estado en cuanto al uso de la fuerza.

Yo pienso que los polí­ticos del paí­s tendrí­an que tomar en cuenta muy seriamente ese trabajo de la revista Foreign Policy y para el efecto me permito transcribir la dirección de su sitio en Internet: http://www.foreignpolicy.com. Y es que realmente vale la pena repasar el trabajo para entender que muchas de las cosas que están hablando y que están prometiendo son puras babosadas, porque mientras no se le quiera entrar a esas cuestiones de fondo nada se podrá hacer. Especialmente preocupa el más estructural de nuestros problemas que es el de la inequidad y el desequilibrio en el desarrollo humano, porque todos sabemos que eso tiene que ver con muy arraigados y profundos intereses que no están dispuestos a permitir el menor aire de cambio. La idea de un Estado facilitador de oportunidades iguales para todos los habitantes del paí­s está fuera de discusión porque la agenda nacional está siendo marcada por quienes teniendo el poder de decisión y la influencia para orientar el debate, tanto en los medios como en los partidos polí­ticos que financian, no permitirán ningún cambio.

Y no deja de ser un cí­rculo vicioso, porque los aparatos clandestinos tampoco quieren cambios y lo demuestran cuando cooptan instituciones polí­ticas para que les ofrezcan inmunidad. Pero todo ello, la inequidad y la existencia de aparatos clandestinos, contribuye al desprestigio de las instituciones que se van deslegitimando por su incapacidad para cumplir sus fines esenciales.

La educación, por ejemplo, se ha convertido en una arena para el pleito ideológico en la que cada sector quiere imponer sus dogmas sin aceptar otros puntos de vista y en salud vemos que no hay recursos pero ni siquiera para dotar de aspirinas a los hospitales. Y si a todo ello sumamos un sistema de seguridad y justicia que no funciona y que nos obliga a comprar seguridad privada o, en el peor de los casos, a hacernos justicia por propia mano, entenderemos que el paí­s va por mal camino y que ningún candidato parece tener ni la visión ni los pantalones para asumir una responsabilidad al respecto.