Intentar ser feliz


Uno deberí­a aislarse de vez en cuando y salir de la rutina para no enfermarse. Darse vacaciones, olvidarse de las cosas y, por lo menos una vez a la semana, hacerse el loco y no tomar nada en serio. Se deberí­a tomar licor al menos una vez cada quince dí­as, evadirse, perderse con el propósito de encontrarse y retomar las cosas con más brí­o.

Eduardo Blandón

Por razones de salud mental, uno deberí­a salir del paí­s cada dos meses. Pasear, caminar y conocer otros paí­ses aunque sea en lugares cercanos como El Salvador, Honduras y Nicaragua. Se deberí­a hacer el amor con más frecuencia, besar con más frecuencia y dejarse amar más seguido. Uno deberí­a autocomplacerse de vez en cuando, consentirse y sentirse merecedor de los bienes de la tierra.

En esta época de cansancio y de estrés, uno deberí­a atreverse a pintar, escribir poesí­as, declamar, hacer teatro y hasta convertirse en mago. Una vez a la semana uno deberí­a cantar en alguna cantina de la ciudad, contar chistes en un salón y hacer payasadas públicas por la calle. Con más frecuencia deberí­a uno poder desnudarse, verse detalladamente y sentirse especial, creer que se es el más dotado del planeta y con una potencia superior al de cualquier garañón.

La vida es tan agobiante que mensualmente uno deberí­a declarase enfermo en el trabajo. Protestar y quedarse en cama toda la jornada. Sentirse el rey y comer tranquilo en la habitación. Mirar la televisión todo el dí­a. Ver programas chatarras: los Simpson, Qué locura y hasta alguna telenovela (aunque sea mexicana). Serí­a vital también con más frecuencia olvidarse de la salud y la dieta y comer hamburguesas, elotes locos, shucos y mucha bebida dulce.

También es deseable ser irresponsable al menos una vez cada tres meses. Gastarse tres cuartas partes del salario sólo en uno, visitar las tiendas y comprar zapatos, camisas, libros y muchas cosas que quizá en el futuro no sirvan para nada, pero que constituí­an un caprichito nuestro. Una vez al año uno deberí­a poder ser infiel. Hacer un pacto con la elegida y decirle que es la salida anual, que no es nada serio y que se le invita a pasar la escapada más gloriosa del año. Uno deberí­a invertir mucho ese dí­a en esa doncella que se presta para un acto así­ de grande.

Varias veces al mes deberí­a uno no ver noticias, no leer periódicos ni encender el radio sino para escuchar música. Deberí­a uno tener capacidad para olvidarse de los polí­ticos, del paí­s, del calentamiento global y del hambre. Una vez a la semana deberí­a uno esforzarse por ser feliz. Sin duda así­, todos, mujer, hijos, padres, amigos y hasta Dios mismo se sentirí­a orgulloso de nosotros.

La cosa empieza con una idea simple: escaparse con más frecuencia y no tomarse la vida tan en serio. Eso sí­, no lo haga muy seguido porque podrí­a tener problemas y efectos contraproducentes. Inténtelo.