Hace varios meses mi hijo í“scar nos adelantó que en estas fechas se realizaría en Pittsburgh, en el Oakmont Country Club, el Abierto de Golf de los Estados Unidos y que sería una buena oportunidad para compartir con su familia. Ayer tuve la oportunidad de vivir esa experiencia y la verdad que es algo totalmente distinto a cualquier otro espectáculo deportivo que uno pueda imaginar. Soy aficionado a los deportes y si hace unos años alguien me hubiera dicho que fuera a un torneo de golf le hubiera respondido que no estaba loco, porque tenía la impresión, tan común y generalizada, de que ese deporte es aburrido y propio de viejitos.
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Junto a una impresionante multitud recorrí las instalaciones de ese hermoso campo y pude ver a las mejores figuras del golf mundial y, por supuesto, fui parte de ese contingente que es movilizado no sólo por un deporte que practican con gusto, sino por la magnética personalidad de Tiger Woods, cuyo grupo es siempre seguido por el mayor número de gente debido a que es la figura estelar. Basta ver la cantidad de periodistas que van con su grupo para darse cuenta del interés que despierta en el público.
El golf es uno de los deportes que más premios otorga a sus jugadores y esas cantidades millonarias provienen no sólo de los derechos que paga la televisión dada la enorme audiencia que tiene, sino la cantidad de gente que asiste a los principales eventos. Es un público muy especial, puesto que se requiere dedicar prácticamente todo un día para presenciar una jornada y si uno quiere ver todo un campeonato son cuatro días en el campo. Y para este torneo, como ocurre todos los años, las entradas estaban agotadas desde hace muchos meses. Otra fuente de ingresos es la venta de mercadería relacionada con el evento y con el deporte en general bajo el patrocinio de la Asociación de Golf de los Estados Unidos (USGA).
Eso sin contar la venta de comida y bebida que se ubica en diversos puntos a lo largo del campo. Niños, jóvenes y viejos, todos gozando de un deporte tan peculiar que, como decía al principio, tiene la apariencia de ser aburrido, poco excitante y cuya enorme popularidad resulta incomprensible para muchos. Pero es realmente un deporte cuyas características son totalmente lo opuesto y uno puede vivir y gozar con tremenda intensidad cada uno de esos momentos especiales. Lo estimulante del sonido de un buen golpe en la salida, la suavidad del rítmico golpe para acercarse al green y la tensión indescriptible del putt.
El Oakmont es uno de los clubes que más veces han realizado el Abierto de los Estados Unidos y es evidente que hay experiencia en el montaje del evento. Pero lo más impresionante es el estado del terreno y el nivel de dificultad que presenta, al punto de que ayer terminó la jornada sin que ningún jugador tuviera puntuación bajo el par del campo, puesto que es en realidad sumamente difícil hacer pares y nada difícil que se falle en alguno de los hoyos, tanto por la altura del terreno que rodea los fairways como por el inmenso tamaño de los greens y su configuración.
Repito que siendo aficionado a los deportes siempre trato de asistir a algún evento deportivo cuando viajo y que ya alguna vez había visto un torneo de golf y trato de seguir los torneos mayores por televisión. Pero la experiencia de estar allí, de ver a esas figuras luchando (y lo digo en el sentido estricto) contra las condiciones adversas de un campo desafiante, ha sido una de las más intensas y agradables.