Se siente pánico


El tema de toda conversación entre los habitantes de la capital se refiere obligadamente al pánico prevaleciente, ante la indetenible violencia. A lo interno y externo la persona no puede ocultar ese estado aní­mico, pese a la intencionalidad de apegarse a distractores con esfuerzo.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

De alguna manera libera sus inhibiciones al momento de involucrarse en pláticas cajoneras en el medio donde se desenvuelve a diario; comparaciones aquí­ y allá sin asomo de solución; percepción cómo existen casos y cosas más abajo que elevan la autoestima, ajenos a menoscabar a los demás.

Imposible, que es poco decir, suceda el revés de la medalla y romper las amarras que vinculan con el pánico recalcitrante, nada ni nadie escapa a ser ví­ctima del descomunal monstruo que roba la seguridad y tranquilidad a la vez. Distante de desaparecer tal caso crí­tico, crece con impacto.

Un escenario patético que doblega a su paso todo cuanto encuentra en el funesto recorrido, semejante al perfil de Atila sirve en el mismo hoy en dí­a. Hechos de tinte rojo son los tétricos protagonistas decididos a exterminar a los habitantes de la generación que sean, está demostrado.

Las personas en general vienen a ser presas del pánico, tanto durante el dí­a como por la noche, debido a esa ola mayor en sus efectos que el Stan. La sociedad bajo esta férula terrible pierde lo esencial de lleno, en materia de satisfactores a los que tiene derecho según la Constitución.

Tomemos el caso de dos generaciones distintas para sacar una conclusión. Quienes pertenecen al sector adulto y adulto mayor, experimentan con más potencia el choque entre ayer y hoy. En tanto las nuevas generaciones ya empezaron a vivir circunstancias difí­ciles, ví­ctimas del pánico en mención.

Feminicidios, asesinato de menores; asaltos en los buses y robo de sus pertenencias; crí­menes contra pilotos y ayudantes; asaltos de las viviendas y en la ví­a pública. Hallazgo de cadáveres con señales de tortura y tiro de gracia, a la vera del camino, son ahora el pan cotidiano lamentablemente.

Contadas familias escapan de pérdida de alguno de sus miembros. Hay luto y pánico tremendo ante esa hidra de mal. En esas circunstancias deprimentes se conforma el caldo de cultivo para tormento de los citadinos. En esas condiciones crí­ticas, ¿Será posible eso del pánico al ataque?