Creo que no es para nada descabellada la idea del Vicepresidente en el sentido de que la violencia que se manifiesta en forma exacerbada en contra de los pilotos de buses urbanos pueda ser producto de algún plan tenebroso para aprovechar políticamente el tema de la inseguridad en el curso de la actual campaña electoral. Sobre todo hay que tomar en cuenta que la misma Secretaría de Análisis Estratégico parece ser la que ha nutrido al doctor Stein con informaciones que permiten arribar a esas conclusiones y si bien la SAE pueda no estar en su momento óptimo de capacidad para realizar inteligencia y elaborar análisis, obviamente no va a embrocar a tan alto funcionario con suposiciones sin fundamento.
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Pero no obstante esa creencia de que pueda realmente haber sustento para lo que está diciendo el Vicepresidente de la República, el caso es que independientemente del origen que tenga esa ola de ataques sistemáticos contra los pilotos del transporte, es deber y obligación del Estado actuar para controlar la situación y darle garantías a la ciudadanía de que puede confiar en sus autoridades. Si hay una conspiración que de una u otra manera atenta contra la seguridad del Estado, todas las fuerzas tienen que actuar para restablecer el orden y cuando digo todas las fuerzas es obvio que ante una conspiración de la envergadura que se intuye de las declaraciones de Stein, el mismo Ejército con sus aparatos de inteligencia debe contribuir a combatir la amenaza.
Cierto es que en una contienda política como la que vivimos, el oficialismo podría sentirse tentado de atacar a los partidos de oposición y culparlos de hechos de violencia cuya autoría es difícil de probar y que, en todo caso, evidencian la incapacidad del Gobierno para cumplir con uno de los fines esenciales del Estado. Pero se hace cuesta arriba que estos hechos sean realmente producto de una acción de las pandillas juveniles sin que puedan contar con apoyos de otro tipo y de carácter externo, porque si así es, estamos en una situación dramática y casi como para pedir que Dios nos coja confesados porque ello evidenciaría un extraordinario nivel de organización y capacidad para actuar de las maras, al punto de que colocan de rodillas no sólo a la población inocente, sino que al mismo Estado.
El tema de la violencia contra los pilotos de buses y contra el sistema en general de transporte público es alarmante porque evidencia la vulnerabilidad de nuestra situación. Un paro en el transporte no es impensable en las condiciones actuales y podría provocar un caos tremendo en el país, no digamos si esa situación se prolonga y llega al tiempo de las elecciones con el riesgo de que la población encuentre dificultades para movilizarse.
Yo creo que el Ejército forma parte del sistema nacional de seguridad y que tiene que ser útil para enfrentar cualquier amenaza contra la estabilidad y tranquilidad de la población. Cierto es que durante el conflicto incurrió en excesos, lo mismo que hizo la guerrilla, pero hoy en día es una institución que nos cuesta mucho como para desperdiciar sus recursos y vale la pena que en una emergencia como la que se plantea en el caso del transporte, entre a participar activamente ofreciendo a sus elementos para propiciar la seguridad.